{"id":19693,"date":"2024-05-20T11:08:53","date_gmt":"2024-05-20T09:08:53","guid":{"rendered":"https:\/\/nscristiandad.es\/?p=19693"},"modified":"2025-03-24T16:46:09","modified_gmt":"2025-03-24T15:46:09","slug":"santa-elena-y-la-inventio-crucis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nscristiandad.es\/en\/santa-elena-y-la-inventio-crucis\/","title":{"rendered":"Santa Elena y la inventio crucis"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"19693\" class=\"elementor elementor-19693\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-a3b10a0 elementor-section-full_width elementor-section-content-middle elementor-section-stretched elementor-section-height-min-height elementor-section-items-bottom elementor-section-height-default elementor-invisible\" data-id=\"a3b10a0\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\" data-settings=\"{&quot;background_background&quot;:&quot;classic&quot;,&quot;stretch_section&quot;:&quot;section-stretched&quot;,&quot;animation&quot;:&quot;fadeInDown&quot;}\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-d9a71ab\" data-id=\"d9a71ab\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-4bc4f86 elementor-invisible elementor-widget elementor-widget-heading\" data-id=\"4bc4f86\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-settings=\"{&quot;_animation&quot;:&quot;slideInDown&quot;}\" data-widget_type=\"heading.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t<h1 class=\"elementor-heading-title elementor-size-large\">Santa Elena y la <i>inventio crucis<\/i><\/h1>\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-1a86aad elementor-invisible elementor-widget elementor-widget-heading\" data-id=\"1a86aad\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-settings=\"{&quot;_animation&quot;:&quot;slideInDown&quot;}\" data-widget_type=\"heading.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t<h3 class=\"elementor-heading-title elementor-size-large\">Jorge-Manuel Rodr\u00edguez Almenar, Universidad de Valencia<br>\nPresidente del Centro Espa\u00f1ol de Sindonolog\u00eda<\/h3>\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-edb5558 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"edb5558\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-16 elementor-top-column elementor-element elementor-element-82e2c0b\" data-id=\"82e2c0b\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap\">\n\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-66 elementor-top-column elementor-element elementor-element-ab88058\" data-id=\"ab88058\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-7b6fcca elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"7b6fcca\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p>El relato del hallazgo de la Cruz est\u00e1 vinculado cronol\u00f3gicamente al redescubrimiento del Santo Sepulcro, que se produjo en el siglo IV, poco despu\u00e9s del primer concilio de Nicea. Este hallazgo de la Cruz (<em>inventio<\/em> significa en lat\u00edn \u00abhallazgo\u00bb) es un hecho hist\u00f3rico, pero desafortunadamente, los cristianos tenemos muy poca informaci\u00f3n de lo que realmente ocurri\u00f3 porque, en la Edad Media, un monje llamado Santiago de la Vor\u00e1gine recopil\u00f3 en su <em>Leyenda Aurea<\/em> todos los relatos que pudo encontrar sobre temas religiosos sin el menor esp\u00edritu cr\u00edtico, con lo que el resultado fue una mezcla de datos hist\u00f3ricos contrastables y narraciones sin ninguna base objetiva. De hecho, la palabra \u00abvor\u00e1gine\u00bb, entendida como un galimat\u00edas y una uni\u00f3n de cosas heterog\u00e9neas, procede precisamente del apellido de este autor.<\/p><p>Hubiera sido verdaderamente milagroso que su obra se hubiera ajustado a los criterios de la historiograf\u00eda actual, pero, evidentemente, no podemos tomar aquellos relatos como verdades cient\u00edficas. As\u00ed que, para reconstruir los hechos que realmente ocurrieron, hay que poner un poco de orden y <em>podar<\/em> las adherencias a\u00f1adidas.<\/p><p>Sabemos por la arqueolog\u00eda y la historia que la crucifixi\u00f3n de Cristo (cuya fecha m\u00e1s probable es el 3 de abril del a\u00f1o 33) se realiz\u00f3 en un lugar de las afueras de Jerusal\u00e9n pr\u00f3ximo a una de las puertas de la muralla y, de acuerdo con una costumbre local, los crucificados estar\u00edan de espaldas al edificio del Templo, mirando hacia Occidente. El evangelio de san Juan concreta que \u00aben el lugar donde crucificaron a Jes\u00fas hab\u00eda un huerto y en el huerto, un sepulcro nuevo en el que todav\u00eda no se hab\u00eda sepultado a nadie\u00bb (Jn 19, 41), que pertenec\u00eda a Jos\u00e9 de Arimatea y que fue cedido para sepultura de Cristo.<\/p><p>Tanto el G\u00f3lgota como el sepulcro de Jos\u00e9 de Arimatea estaban en un recodo de la parte externa de la segunda muralla, en una zona que hab\u00eda sido usada como cantera durante a\u00f1os, pero que, en el tiempo de la muerte de Cristo, estaba ya pr\u00e1cticamente en desuso. Esto explica que s\u00f3lo diez a\u00f1os despu\u00e9s, en el a\u00f1o 44 d. C., Herodes Agripa regularizara el per\u00edmetro de la ciudad y construyera una tercera muralla que incorporaba definitivamente toda esta zona al recinto urbano, y que fuera necesario regularizar la altura del suelo (horadado por la extracci\u00f3n de bloques de piedra), con escombros y tierra tra\u00eddos desde fuera. Esta circunstancia termin\u00f3 siendo un hecho providencial, porque, de esta manera, el sepulcro de Cristo no fue destruido, sino enterrado.<\/p><p>Pocos a\u00f1os despu\u00e9s, en el a\u00f1o 70, Jerusal\u00e9n sufri\u00f3 una destrucci\u00f3n masiva cuando el general Tito \u2014despu\u00e9s convertido en emperador\u2014, cumpliendo la profec\u00eda de Jes\u00fas, no dej\u00f3 \u00abpiedra sobre piedra\u00bb tanto del Templo como de la mayor parte de la urbe. Posteriormente, coincidiendo con la \u00faltima guerra entre jud\u00edos y romanos (132-136 d.C.), el emperador Elio Adriano edific\u00f3 sobre las ruinas de Jerusal\u00e9n una ciudad nueva (Elia Capitolina) con un trazado de estilo romano, totalmente nuevo y dedicada a \u00e9l mismo, solo que ahora, en el siglo II, el lugar de la crucifixi\u00f3n y del sepulcro hab\u00edan pasado a ocupar una zona bastante c\u00e9ntrica de la nueva poblaci\u00f3n y sobre ellos se construyeron edificaciones paganas importantes.<\/p><p>Tenemos dos testimonios muy pr\u00f3ximos a los hechos, que atribuyen esa construcci\u00f3n a una voluntad de <em>paganizar<\/em> los lugares sagrados. Afirma Eusebio de Ces\u00e1rea (el primer historiador de la Iglesia Cat\u00f3lica): \u00abHombres descre\u00eddos y profanos concibieron la idea de hacer desaparecer de entre los hombres aquel antro redentor (el santo sepulcro). Y tom\u00e1ndose un gran esfuerzo, cubren todo el lugar con tierra tra\u00edda de fuera. Despu\u00e9s, elevado el nivel del suelo y tras pavimentarlo con losas de piedra, esconden, bajo tan ingente t\u00famulo, la gruta divina. Luego [&#8230;] construyen un oscuro compartimento al disoluto esp\u00edritu de Afrodita [Venus], donde ofrec\u00edan execrables oblaciones sobre profanos altares\u00bb (Eusebio de Cesarea: <em>Vida de Constantino<\/em>. Libro 3.\u00ba. Cap. XXVI).<\/p><p>La misma idea recoge san Jer\u00f3nimo, tambi\u00e9n en el siglo IV: \u00abDesde la \u00e9poca de Adriano hasta el reino de Constantino, por espacio de unos 180 a\u00f1os, en el lugar de la resurrecci\u00f3n se daba culto a una imagen de J\u00fapiter, y en la roca de la cruz a una estatua en m\u00e1rmol de Venus. Se imaginaban los autores de la persecuci\u00f3n que nos quitar\u00edan la fe en la Resurrecci\u00f3n y en la Cruz si contaminaban los lugares sagrados con sus \u00eddolos\u00bb.<\/p><p>Como he manifestado, mi idea es que el relleno con escombros se hizo en un momento anterior, cuando se incorpor\u00f3 la zona de la cantera a la ciudad, pero en ambos testimonios, lo que se constata como hist\u00f3rico es que, al levantar la zona pavimentada, hubo que eliminar tierra y escombros que estaban por debajo y que, a la larga, hab\u00edan servido para proteger los lugares sagrados.<\/p><p>M\u00e1s all\u00e1 de lo que pueda ser discutible, es verdaderamente significativo que se construyeran lugares de culto romano justo donde la Iglesia cristiana conmemoraba la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo. Desde que el mundo es mundo, cada civilizaci\u00f3n que ha sustituido a otra ha intentado construir los lugares del nuevo culto en el mismo sitio que albergaba el culto precedente. Eso es una constante. Sin embargo, en Jerusal\u00e9n, el \u00fanico lugar realmente de culto era el Templo, por lo que los arque\u00f3logos piensan que los romanos quisieron marcar los lugares cristianos, porque ya deber\u00eda existir all\u00ed alg\u00fan tipo de culto cristiano (que los romanos no distingu\u00edan del culto jud\u00edo). Y esto nos da una cierta base para pensar que los cristianos hab\u00edan mantenido la memoria del lugar donde Cristo muri\u00f3 y fue enterrado.<\/p><p>El siguiente punto de nuestro relato requiere que volvamos al mencionado primer concilio de Nicea, que tuvo lugar entre el 20 de mayo y el 19 de junio del a\u00f1o 325 d. C. Pero se hace necesario, primero, contextualizar ese hecho: Constantino dict\u00f3 el <em>Edicto de tolerancia<\/em> a favor del cristianismo a partir de la batalla del puente Milvio, con lo que puso fin a las persecuciones contra los cristianos. Sin embargo, este decreto no supuso la conversi\u00f3n del emperador, ya que sabemos que continu\u00f3 con su vida poco ejemplar y no se bautiz\u00f3 sino en su lecho de muerte, esquivando, as\u00ed, la necesidad de confesar sus cr\u00edmenes y pecados. No voy a valorar si eso fue moralmente aceptable o si fue un intento de enga\u00f1ar a Dios, pero lo cierto es que nos da pie para plantearnos si lo que buscaba Constantino al apoyar al cristianismo respond\u00eda a un m\u00f3vil religioso o m\u00e1s bien a un m\u00f3vil de car\u00e1cter pol\u00edtico.<\/p><p>Hay que tener en cuenta que el imperio romano fue asimilando todas las religiones de los pueblos que iba conquistando, con lo que su sistema religioso termin\u00f3 siendo de una heterogeneidad extrema. Esto explica que, en un momento determinado, se tomara la decisi\u00f3n de convertir al emperador en un dios. Era una forma de establecer un punto de referencia com\u00fan en todas las religiones del imperio y no era algo dif\u00edcil de conseguir, ya que casi todas eran polite\u00edstas y no exist\u00eda una gran dificultad para que en ellas se admitiera un nuevo dios. \u00danicamente se encontraron con la oposici\u00f3n frontal de los jud\u00edos y de los cristianos, porque ambos consideraban que Dios era el todopoderoso creador del universo, idea incompatible con el concepto de <em>dioses menores<\/em> que ten\u00edan las religiones polite\u00edstas.<\/p><p>Constantino ten\u00eda dos motivos muy claros para dejar de perseguir a los cristianos, uno de car\u00e1cter personal, y otro de car\u00e1cter pol\u00edtico:<\/p><p>El motivo personal de Constantino es que su propia madre era una cristiana aut\u00e9ntica, y es l\u00f3gico que intentara evitar que fuera v\u00edctima de la persecuci\u00f3n. Eusebio de Ces\u00e1rea afirma de ella que: \u00abSe convirti\u00f3\u00a0 [&#8230;] en una sierva de Dios tan devota que uno pod\u00eda creer que hab\u00eda sido disc\u00edpula del Redentor de la humanidad desde su m\u00e1s tierna ni\u00f1ez\u00bb (<em>Vita Constantini,<\/em> III, 48). Existe un dato que corrobora la idea de que Constantino ten\u00eda debilidad por su madre, y es que le acu\u00f1\u00f3 una moneda de oro con el lema \u00abElena augusta\u00bb (es decir, \u00abElena emperatriz\u00bb). Aunque esto podr\u00eda ser discutible, como vamos a ver.<\/p><p>Al principio del siglo IV, Roma estaba gobernada por el sistema pol\u00edtico de la tetrarqu\u00eda, que supon\u00eda que cada parte del imperio (Oriente y Occidente) estaba gobernada por un emperador, quien ten\u00eda, a su vez, un C\u00e9sar bajo su autoridad. Constantino acab\u00f3 con este sistema al convertirse en emperador \u00fanico, y fue entonces cuando otorg\u00f3 a su madre el t\u00edtulo de emperatriz, que su padre le hab\u00eda negado. El padre de Constantino \u2014Constancio Cloro\u2014, siendo militar, se hab\u00eda casado con Elena, una joven procedente de Treveris, que era moza de mes\u00f3n: una simple trabajadora. Con el tiempo, Constancio se convirti\u00f3 en C\u00e9sar de Occidente y compart\u00eda el poder con el emperador de Maximiliano, pero, para consolidar su posici\u00f3n pol\u00edtica, repudi\u00f3 a Elena y contrajo matrimonio con una hijastra del citado Augusto, al que sucedi\u00f3. Esta injusticia debi\u00f3 dejar mella en Constantino, quien \u2014cuando tuvo oportunidad\u2014 ennobleci\u00f3 a su madre otorg\u00e1ndole el t\u00edtulo de emperatriz.<\/p><p>No obstante, por otra parte, desde el punto de vista pol\u00edtico, tolerar el cristianismo era una jugada h\u00e1bil, puesto que las otras religiones no ten\u00edan ning\u00fan inconveniente en compartir el pante\u00f3n de los dioses con el Dios de los cristianos y con ello se avanzaba hacia la paz religiosa. Sin embargo, el problema que se encontr\u00f3 el emperador Constantino es que, en el 318, aparece el arrianismo, que era la doctrina del obispo Arrio, seg\u00fan el cual Jes\u00fas no pod\u00eda ser equiparado a Dios Padre, sino que era simplemente un <em>dios menor<\/em>. Es f\u00e1cil de entender que si lo que quer\u00eda el emperador era acabar con un conflicto religioso, no era nada conveniente que se produjera un enfrentamiento entre cristianos. Eso explica que fuera el propio Constantino quien convocase el I Concilio de Nicea, para exigir a los cristianos que se pusieran de acuerdo. Del concilio de Nicea se dicen actualmente verdaderas barbaridades inventadas (basta con leer lo que dice, por ejemplo, <em>El C\u00f3digo da Vinci<\/em>), pero a \u00e9l le debemos la condena de la doctrina de Arrio con la definici\u00f3n incorporada al credo de que Jesucristo fue \u00abengendrado, no creado, y consustancial al Padre\u00bb.<\/p><p>Toda esta largu\u00edsima contextualizaci\u00f3n nos sirve para entender un hecho notable que se produjo tambi\u00e9n en el Concilio de Nicea del 325 d. C. En esa asamblea, el obispo de Jerusal\u00e9n, un tal Macario, aprovech\u00f3 el talante del emperador para solicitarle que, como gesto de buena voluntad, derribara las construcciones paganas que profanaban los santos lugares del Calvario y del Sepulcro. Constantino, extraordinariamente receptivo, respondi\u00f3 por carta a Macario aceptando la demolici\u00f3n, afirmando su voluntad de edificar una bas\u00edlica digna de Cristo, que \u00e9l financiar\u00eda, e instando al buen obispo a dirigir espiritualmente las obras.<\/p><p>Y es aqu\u00ed donde vuelve a entrar en escena nuestra Elena, quien, \u00abempoderada\u00bb como emperatriz-madre, hizo valer sus privilegios y consigui\u00f3 estar presente durante las obras de demolici\u00f3n de los templos paganos.<\/p><p>La leyenda \u00e1urea atribuye a este viaje un car\u00e1cter milagroso y afirma que, tras torturar a un jud\u00edo, pudieron conocer el lugar donde hab\u00eda estado el sepulcro, y, una vez demolidos los edificios paganos, la propia Elena, en un arrebato m\u00edstico, determin\u00f3 d\u00f3nde se encontrar\u00edan la reliquias de la cruz. La misma leyenda afirma que, en una cisterna seca de las inmediaciones, se encontraron tres cruces, y que se supo cu\u00e1l era la cruz de Cristo porque un enfermo (otra versi\u00f3n dice una anciana moribunda) se cur\u00f3 inmediatamente al ser tocado con uno de los maderos. Esta leyenda se hizo tan popular que incluso aparece representada en el \u00e1bside de la iglesia de la <em>Santa Cruz en Jerusal\u00e9n<\/em>, una de las bas\u00edlicas menores de Roma, que guarda a\u00fan hoy en d\u00eda parte de las reliquias encontradas en la ciudad santa y que se construy\u00f3 en la casa de santa Elena.<\/p><p>La historiograf\u00eda actual tiende a negar como falsos todos los acontecimientos que no tengan una comprobaci\u00f3n documental, pero, afortunadamente, del hallazgo de la cruz tenemos suficientes referencias hist\u00f3ricas. El propio Eusebio de Cesar\u00e9a nos ha dejado un relato precioso, que satisface nuestra mentalidad actual, cuando afirma: \u00abAquel loco [Adriano] cre\u00eda esconder al g\u00e9nero humano el esplendor del sol que se levantaba sobre el mundo, y no advert\u00eda que queriendo relegar al olvido los santos lugares fijaba inexorablemente el sitio, y que en el d\u00eda establecido por Dios para la liberaci\u00f3n de su iglesia <strong>las columnas del templo de Venus se convertir\u00edan en indicaciones infalibles<\/strong> para el descubrimiento de los santuarios [&#8230;]. Entonces, contra toda esperanza, apareci\u00f3 [&#8230;] el venerable y sant\u00edsimo testimonio de la resurrecci\u00f3n salv\u00edfica\u00bb (<em>Vita Constantini<\/em>. A\u00f1o 340 d. C.) Como es l\u00f3gico, los cristianos no hab\u00edan olvidado d\u00f3nde se encontraban los lugares en los que se hab\u00edan producido la redenci\u00f3n y la resurrecci\u00f3n, y, adem\u00e1s, los propios romanos los hab\u00edan marcado realizando sus construcciones paganas. No hizo falta torturar a nadie para saberlo\u2026<\/p><p>Y, en cuanto a la identificaci\u00f3n del madero concreto de Cristo, tampoco necesitamos recurrir al milagro, teniendo una fuente segura, en este caso del obispo san Ambrosio, quien nos dej\u00f3 escrito en <em>De obitu Theodosii oratio<\/em> (a\u00f1o 395 d. C) que <em>\u00ab<\/em>Elena reconoci\u00f3 la Cruz de Cristo por el T\u00edtulo que apareci\u00f3 a su lado\u00bb<em>. <\/em>Este dato no se suele mencionar, pero es realmente impactante, porque el<em> titulus crucis<\/em> (un documento jur\u00eddico que deb\u00eda acompa\u00f1ar al crucificado) solo podr\u00eda ser de Cristo, ya que ten\u00eda su nombre. El hallazgo del <em>t\u00edtulo<\/em> es lo que da credibilidad a los <em>lingnum crucis<\/em> que se distribuyeron por todo el mundo cristiano.<\/p><p>Con relaci\u00f3n a este hecho del hallazgo del madero de la Cruz, es curioso que el \u00fanico historiador que no lo menciona es Eusebio, mientras s\u00ed que lo hacen todos los dem\u00e1s cronistas de la \u00e9poca (san Ambrosio, san Cirilo de Jerusal\u00e9n, Rufino, S\u00f3crates, Sulpicio Severo, Sozomeno, san Paulino de Nola, Teodoreto y Nic\u00e9foro). As\u00ed que tambi\u00e9n podemos considerarlo un hecho hist\u00f3rico acreditado por m\u00faltiples fuentes documentales. Como ejemplo, podemos citar al obispo Cirilo de Jerusal\u00e9n, que en el a\u00f1o 351, dirigi\u00e9ndose al emperador Constancio escribe: \u00abEn tiempos de tu padre Constantino, fue hallado en Jerusal\u00e9n el saludable le\u00f1o de la Cruz\u00bb, aunque esto ya lo hab\u00eda afirmado el a\u00f1o 347 en el n\u00famero X de sus <em>Catequesis.<\/em><\/p><p>Pero, entonces, \u00bfpor qu\u00e9 no habla del hallazgo de la Cruz Eusebio? Se ha propuesto como explicaci\u00f3n que el santo obispo intentaba, as\u00ed, resaltar la mayor importancia de la resurrecci\u00f3n sobre lo que la cruz representaba todav\u00eda en la mentalidad jud\u00eda (recu\u00e9rdese que el Deuteronomio dice: \u00abPorque maldito es de Dios, el que pende de un madero\u00bb (Dt 21, 23)). Es una explicaci\u00f3n plausible, porque encaja muy bien con el pensamiento que pone de manifiesto en la <em>Catequesis n\u00famero XIII<\/em> el citado Cirilo: \u00abReconozco la Cruz porque reconozco la Resurrecci\u00f3n. Si el crucificado hubiera permanecido en ese estado, no reconocer\u00eda la Cruz [&#8230;]. Como a la Cruz sigui\u00f3 la Resurrecci\u00f3n, no me averg\u00fcenzo de ello\u00bb. \u00a0<\/p><p>Para terminar, querr\u00eda poner de manifiesto que el hallazgo de la Cruz tuvo dos consecuencias inmediatas que cambiar\u00edan el punto de vista cristiano para siempre. La primera es que la Cruz dej\u00f3 de verse como una maldici\u00f3n infamante para convertirse en un s\u00edmbolo de esperanza, y se coloc\u00f3 en la cabecera de los \u00e1bsides de todas las iglesias. Y la segunda consecuencia es que se desat\u00f3 el ansia universal por poseer un fragmento del le\u00f1o redentor. El reiterado obispo Cirilo de Jerusal\u00e9n dir\u00e1: \u00abLa Pasi\u00f3n es real. [&#8230;] Aunque yo lo negara, me lo reprochar\u00eda este g\u00f3lgota cerca del que nos encontramos; me lo reprochar\u00eda el madero de la Cruz que, desde aqu\u00ed, ha sido distribuido en fragmentos por todo el mundo\u00bb.<\/p><p>No somos conscientes de la conmoci\u00f3n que supuso en toda la cristiandad el hallazgo de la Cruz. Debi\u00f3 ser como si el propio Cristo hubiera vuelto a resucitar para dejar constancia de la verdad de su resurrecci\u00f3n. Pocos a\u00f1os antes, los cristianos estaban muriendo en las persecuciones y, de repente, su religi\u00f3n pasaba a ser la m\u00e1s digna del imperio con el apoyo imperial. Debi\u00f3 de ser algo realmente impactante.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-b57432c elementor-widget elementor-widget-image\" data-id=\"b57432c\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"image.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<figure class=\"wp-caption\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"768\" height=\"819\" src=\"https:\/\/nscristiandad.es\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/b32_2b-768x819.jpg\" class=\"attachment-medium_large size-medium_large wp-image-19696\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/nscristiandad.es\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/b32_2b-768x819.jpg 768w, https:\/\/nscristiandad.es\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/b32_2b-281x300.jpg 281w, https:\/\/nscristiandad.es\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/b32_2b.jpg 844w\" sizes=\"(max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/>\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<figcaption class=\"widget-image-caption wp-caption-text\">Retablo de la Santa Cruz. Detalle. Museo de Bellas Artes de Valencia. Siglo XIV.<\/figcaption>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/figure>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-16 elementor-top-column elementor-element elementor-element-f66a427\" data-id=\"f66a427\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap\">\n\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-284ab55 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"284ab55\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-9459820\" data-id=\"9459820\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-732e999 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"732e999\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p>PUBLICADO EN EL BOLET\u00cdN \u00abLAUDATE\u00bb N\u00ba32 &#8211; MAYO 2024<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-5c21437 elementor-share-buttons--view-icon elementor-share-buttons--shape-circle elementor-share-buttons--skin-gradient elementor-grid-0 elementor-share-buttons--color-official elementor-widget elementor-widget-share-buttons\" data-id=\"5c21437\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"share-buttons.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-grid\" role=\"list\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-grid-item\" role=\"listitem\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-share-btn elementor-share-btn_facebook\" role=\"button\" tabindex=\"0\" aria-label=\"Share on facebook\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-share-btn__icon\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<i class=\"fab fa-facebook\" aria-hidden=\"true\"><\/i>\t\t\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-grid-item\" role=\"listitem\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-share-btn elementor-share-btn_twitter\" role=\"button\" tabindex=\"0\" aria-label=\"Share on twitter\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-share-btn__icon\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<i class=\"fab fa-twitter\" aria-hidden=\"true\"><\/i>\t\t\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-grid-item\" role=\"listitem\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-share-btn elementor-share-btn_telegram\" role=\"button\" tabindex=\"0\" aria-label=\"Share on telegram\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-share-btn__icon\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<i class=\"fab fa-telegram\" aria-hidden=\"true\"><\/i>\t\t\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-grid-item\" role=\"listitem\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-share-btn elementor-share-btn_whatsapp\" role=\"button\" tabindex=\"0\" aria-label=\"Share on whatsapp\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-share-btn__icon\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<i class=\"fab fa-whatsapp\" aria-hidden=\"true\"><\/i>\t\t\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-grid-item\" role=\"listitem\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-share-btn elementor-share-btn_email\" role=\"button\" tabindex=\"0\" aria-label=\"Share on email\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-share-btn__icon\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<i class=\"fas fa-envelope\" aria-hidden=\"true\"><\/i>\t\t\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Santa Elena y la inventio crucis Jorge-Manuel Rodr\u00edguez Almenar, Universidad de Valencia Presidente del Centro Espa\u00f1ol de Sindonolog\u00eda El relato del hallazgo de la Cruz est\u00e1 vinculado cronol\u00f3gicamente al redescubrimiento del Santo Sepulcro, que se produjo en el siglo IV, poco despu\u00e9s del primer concilio de Nicea. Este hallazgo de la Cruz (inventio significa en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":19695,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"set","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[55,52],"tags":[],"class_list":["post-19693","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-boletin","category-espiritualidad"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19693","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19693"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19693\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/19695"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19693"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19693"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19693"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}