{"id":27108,"date":"2025-01-16T16:46:25","date_gmt":"2025-01-16T15:46:25","guid":{"rendered":"https:\/\/nscristiandad.es\/?p=27108"},"modified":"2025-09-11T18:00:39","modified_gmt":"2025-09-11T16:00:39","slug":"la-gracia-de-la-penitencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nscristiandad.es\/fr\/la-gracia-de-la-penitencia\/","title":{"rendered":"La gracia de la penitencia"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"27108\" class=\"elementor elementor-27108\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-bc502d6 elementor-section-full_width elementor-section-content-middle elementor-section-stretched elementor-section-height-default elementor-section-height-default elementor-invisible\" data-id=\"bc502d6\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\" data-settings=\"{&quot;background_background&quot;:&quot;classic&quot;,&quot;stretch_section&quot;:&quot;section-stretched&quot;,&quot;animation&quot;:&quot;fadeInDown&quot;}\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-4e6d755\" data-id=\"4e6d755\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-3474dad elementor-invisible elementor-widget elementor-widget-heading\" data-id=\"3474dad\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-settings=\"{&quot;_animation&quot;:&quot;slideInDown&quot;}\" data-widget_type=\"heading.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t<h1 class=\"elementor-heading-title elementor-size-large\">La gracia de la penitencia<\/h1>\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-df48d86 elementor-invisible elementor-widget elementor-widget-heading\" data-id=\"df48d86\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-settings=\"{&quot;_animation&quot;:&quot;slideInDown&quot;}\" data-widget_type=\"heading.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t<h3 class=\"elementor-heading-title elementor-size-large\">D. Tom\u00e1s Minguet Civera, Pbro.\n<\/h3>\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-1c178ea elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"1c178ea\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-16 elementor-top-column elementor-element elementor-element-a69ad4b\" data-id=\"a69ad4b\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap\">\n\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-66 elementor-top-column elementor-element elementor-element-704ac38\" data-id=\"704ac38\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-2e72a10 elementor-widget elementor-widget-image\" data-id=\"2e72a10\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"image.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<figure class=\"wp-caption\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"768\" height=\"986\" src=\"https:\/\/nscristiandad.es\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/b40_2b-768x986.jpg\" class=\"attachment-medium_large size-medium_large wp-image-27103\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/nscristiandad.es\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/b40_2b-768x986.jpg 768w, https:\/\/nscristiandad.es\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/b40_2b-234x300.jpg 234w, https:\/\/nscristiandad.es\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/b40_2b-798x1024.jpg 798w, https:\/\/nscristiandad.es\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/b40_2b-1197x1536.jpg 1197w, https:\/\/nscristiandad.es\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/b40_2b.jpg 1486w\" sizes=\"(max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/>\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<figcaption class=\"widget-image-caption wp-caption-text\">El Bautismo de Cristo, de Juan Fern\u00e1ndez de Navarrete \u00abel Mudo\u00bb (c. 1567), \u00f3leo sobre tabla. Extra\u00eddo de la colecci\u00f3n digital del Museo del Prado.<\/figcaption>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/figure>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-fb211af elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"fb211af\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p>\u00abPoenitentiam agite\u00bb, <em>haced penitencia<\/em> (Mt 4, 17; cf. Mc 1, 15). Estas palabras escuetas y aparentemente desabridas, son, ni m\u00e1s ni menos, que el comienzo de la predicaci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. As\u00ed, en consonancia con san Juan Bautista (cf. Mt 3, 2) y alejado de algunas estrategias contempor\u00e1neas de evangelizaci\u00f3n y de \u00abprimer anuncio\u00bb, ajeno a todo <em>marketing<\/em>, nuestro Maestro no empez\u00f3 su ministerio hablando del amor de Dios ni de las pruebas de su existencia ni captando la benevolencia de sus interlocutores. No, simplemente dijo: \u00abHaced penitencia\u2026 porque est\u00e1 cerca el reino de los cielos\u00bb.<\/p><p>Este imperativo, empero, aunque algo agresivo a nuestros delicados o\u00eddos contempor\u00e1neos, no fue percibido por quienes lo escucharon como un agrio mandato que empa\u00f1aba la alegr\u00eda de vivir o como una ominosa condici\u00f3n puesta por un dios s\u00e1dico para darnos su perd\u00f3n. Justo al rev\u00e9s. Al fin, Dios mismo estaba brindando la posibilidad de hacer aquello que demanda nuestro coraz\u00f3n. El triste tiempo en que no se pod\u00eda hacer una penitencia adecuada hab\u00eda terminado.<\/p><p>De hecho, cuando a los pocos a\u00f1os de estas palabras, san Clemente I, tercer Papa despu\u00e9s de san Pedro, disc\u00edpulo y coet\u00e1neo de los Ap\u00f3stoles, escribi\u00f3 su famosa <em>Carta a los Corintios<\/em> (fines del siglo I), nos sorprendi\u00f3 hablando de \u00abla gracia de la penitencia para todo el mundo\u00bb como uno de los frutos de la Redenci\u00f3n. \u00a1Poder hacer penitencia es comprendido por la Iglesia Apost\u00f3lica como una gracia, como un regalo divino! Y con toda raz\u00f3n. Porque en sana l\u00f3gica y en cabal conocimiento de lo que son las cosas, sin la vivencia de la virtud de la penitencia, el gratuito y misericordioso perd\u00f3n de Dios, alcanzado por Cristo en su sant\u00edsima Pasi\u00f3n, no ser\u00eda operante en nosotros. Es una muy Buena Noticia que la criatura deba y pueda hacer penitencia por sus pecados. Que haya llegado el tiempo, \u00a1por fin!, en que arrepentirse tenga cabida y sentido. Se entiende que esto alegre a los \u00e1ngeles, como testimonia el Se\u00f1or (cf. Lc 15, 10).<\/p><p>Completando la idea, el santo Pont\u00edfice explica que Dios \u00abde generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, concedi\u00f3 un tiempo de penitencia a los que deseaban convertirse a \u00c9l\u00bb. Asimismo, antes de exhortar directamente a la penitencia, dice, como quien no necesita detenerse en explicar algo que se sabe asumido y vivido, \u00abqueriendo, pues, el Se\u00f1or que todos los que \u00c9l ama tengan parte en la penitencia\u00bb.<\/p><p>Es, pues, un deseo del Buen Dios, que ama a su criatura \u2013a su criatura <em>real<\/em>, a la que es de determinado modo (y que \u00c9l conoce mejor que nadie)\u2013, el darnos algo que, antes de su Venida en carne, o no era posible o era imperfecto.<\/p><p>Dicho esto, cabe hacerse algunas preguntas. \u00bfQu\u00e9 es, en concreto, hacer penitencia? \u00bfPor qu\u00e9 es necesario? \u00bfPor qu\u00e9 es una Buena Noticia el poder tomar parte en ella? \u00bfQu\u00e9 a\u00f1ade nuestra penitencia al perd\u00f3n de Dios o al sacramento de la Penitencia?<\/p><p>A estas cuestiones, claro, habr\u00eda que anteceder una: \u00bfQu\u00e9 es <em>de verdad<\/em> el pecado? o \u00bfqu\u00e9 pasa <em>realmente<\/em> cuando uno peca? Huelga decir que la doctrina cat\u00f3lica sobre la penitencia no se entender\u00e1 sin atender al pecado en toda su hondura y consecuencias, y que una ideolog\u00eda que niegue el pecado o lo reduzca rid\u00edculamente, ser\u00e1 ciega a lo que la Iglesia y la recta filosof\u00eda han dicho y vivido sobre este tema. Con todo, no desarrollaremos aqu\u00ed estas cuestiones. Baste con retener que el pecado es de tal naturaleza y alcance que la medicina para el mismo han sido la Encarnaci\u00f3n y la Pasi\u00f3n del Hijo de Dios y que, en la lucha contra \u00e9l, Dios ha querido contar con nuestra libre cooperaci\u00f3n.<\/p><p>Respecto de la penitencia, santo Tom\u00e1s, asumiendo y clarificando la doctrina cat\u00f3lica y la filosof\u00eda perenne, explica que esta es, antes que un sacramento y adem\u00e1s de una pasi\u00f3n, una <em>virtud propia y especial<\/em> (<em>S. Th.<\/em> III, q. 85, a. 1), emparentada con la justicia (III, q. 85, a. 3).<\/p><p>El solo hecho de que la penitencia pertenezca al \u00abselecto club\u00bb de las virtudes, nos hace comprender que estamos ante algo con lo que, primero, Dios nos ha dotado creaturalmente (es decir, que est\u00e1 en nuestra naturaleza y no podemos renunciar a ello), y, segundo, que se sit\u00faa bajo el gobierno de la voluntad (cf. III, q. 85, a. 4, resp.). La penitencia, por tanto, es susceptible de ser ordenada al fin \u00faltimo de la existencia y forma parte de nuestra perfecci\u00f3n y santidad. Tambi\u00e9n, por el contrario, puede vivirse mal y devenir en vicio.<\/p><p>Falta ahora precisar su contenido espec\u00edfico. Digamos, por un lado, que es propio de la virtud de la penitencia (y, por lo tanto, de nuestra naturaleza) arrepentirnos (dolernos) de una mala acci\u00f3n cometida por nosotros. Es un dolor que es bueno (no una patolog\u00eda, como defienden ciertas ideolog\u00edas), porque \u00abest\u00e1 conforme con la recta raz\u00f3n el que uno se duela de lo que debe dolerse\u00bb (III, q. 85, a. 1, resp.). Es decir, la penitencia, aunque duele, es una buena reacci\u00f3n al mal cometido libre y voluntariamente, al pecado.<\/p><p>Aqu\u00ed ya empieza a dibujarse un panorama realmente luminoso y esperanzador. Tras la peor acci\u00f3n que podemos cometer \u2013el pecado\u2013, se puede y se debe hacer algo bueno, algo en la l\u00ednea de su reparaci\u00f3n. Y este prop\u00f3sito de reparaci\u00f3n no es algo ajeno a nuestra naturaleza; al rev\u00e9s, lo llevamos inscrito en el coraz\u00f3n. Estamos hechos para que, si hacemos el mal, este nos duela y tratemos de repararlo: que no nos conformemos fatalistamente, que no lo neguemos, que no huyamos. As\u00ed de bien nos ha hecho Dios. Por lo tanto, si Dios, por una supuesta misericordia, nos dispensara de hacer penitencia, estar\u00eda vulnerando c\u00f3mo nos ha creado, estar\u00eda violentando nuestra naturaleza, a la vez que estar\u00eda desnaturalizando el perd\u00f3n. Nos har\u00eda un flaco favor y se contradecir\u00eda a S\u00ed mismo.<\/p><p>Ahora bien, esta reparaci\u00f3n para la que estamos orientados ni se puede hacer de cualquier modo (la idea de virtud implica la de orden objetivo) ni era posible propiamente antes de Cristo.<\/p><p>En efecto, como el pecado es un tipo de mal que afecta a la misma relaci\u00f3n con Dios, quedando fuera de nuestro alcance su plena reparaci\u00f3n, si Cristo no hubiera llevado a cabo la Redenci\u00f3n, todo esfuerzo por nuestra parte habr\u00eda sido absolutamente insuficiente. Empezamos ahora a entender las maravillosas resonancias que tiene, en un coraz\u00f3n y en una mente sensatos, el anuncio por parte del mismo Dios hecho carne de que ha llegado el tiempo de hacer penitencia. Eso solo puede significar una cosa. Que Cristo va a hacer la parte exclusiva de Dios \u2013cargar con la culpa del pecado y la pena eterna del mismo\u2013 y que, por tanto, ya tiene sentido que el hombre haga su peque\u00f1a e irrenunciable parte respecto de la pena temporal del pecado. Ahora tambi\u00e9n intuimos la desesperaci\u00f3n pagana respecto a la posibilidad de hacer frente al pecado, as\u00ed como el sinsentido con el que las ideolog\u00edas modernas contemplan la culpa, dando pendulazos entre su negaci\u00f3n y su fatalismo.<\/p><p>Demos un paso m\u00e1s. Dec\u00edamos que la penitencia conlleva un dolor, aunque no se agota en \u00e9l. En efecto, para que la penitencia sea virtud no basta con dolerse, ni con dolerse de cualquier modo, ni con solo dolerse. Ha de dolerse del pecado \u00aben cuanto ofensa de Dios\u00bb (III, q. 85, a. 2, resp.), con un dolor \u00abmoderado\u00bb (III, q. 85, a. 1, resp.) \u00abde desagrado y reprobaci\u00f3n de lo ocurrido\u00bb, y este dolor debe ir acompa\u00f1ado de \u00abla intenci\u00f3n de eliminar las consecuencias [del pecado], o sea, la ofensa de Dios y el d\u00e9bito de la pena\u00bb (III, q. 85, a. 2. ad 1).<\/p><p>El dolor, por tanto, no es un mero dolor de verg\u00fcenza por lo que los dem\u00e1s piensen o por las solas consecuencias materiales negativas. Tampoco es un \u00abdolerse de lo ya hecho con la intenci\u00f3n de procurar que no haya sido hecho\u00bb, lo cual, como asevera el <em>Aquinate<\/em>, \u00abesset stultum\u00bb, <em>ser\u00eda una tonter\u00eda<\/em> (IIIa, q. 85, a. 1 ad 3). Ni es \u00abel mero disgusto del pecado pasado\u00bb, acto que pertenece directamente a la caridad (IIIa, q. 85, a. 2. ad 1). Todas estas formas de dolor no acallar\u00edan nuestro bendito sentimiento de culpa porque no estar\u00edan respondiendo a la verdad de lo que nos ha pasado al pecar ni a las exigencias de la justicia.<\/p><p>Adem\u00e1s, esa intenci\u00f3n reparadora que debe acompa\u00f1ar a este dolor debe estar en consonancia con la verdad de nuestra naturaleza y de la relaci\u00f3n entre la misma y la gracia de Dios. Es decir, el empe\u00f1o de reparar el pecado cometido no puede ser ni prometeico ni quietista, sino propiamente cat\u00f3lico, contemplando los pecados \u00aben cuanto que son reparables por el acto del hombre que coopera con Dios a su justificaci\u00f3n\u00bb (IIIa, q. 85, a. 2. ad 2). O, dicho de otro modo, \u00abla penitencia excluye todos los pecados de una manera efectiva esforz\u00e1ndose en la destrucci\u00f3n del pecado, en cuanto que es remisible con la gracia divina y la cooperaci\u00f3n del hombre\u00bb (IIIa, q. 85, a. 2. ad 3). En efecto, nuestra intenci\u00f3n de reparar debe saber distinguir lo que nos corresponde a nosotros y lo que le corresponde a Dios.<\/p><p>Siguiendo con santo Tom\u00e1s, podemos, en fin, completar la idea de penitencia diciendo que esta \u00abvirtud especial\u00bb, que pertenece a la \u00abjusticia relativa\u00bb y por la que el penitente \u00abse duele del pecado cometido en cuanto ofensa de Dios\u00bb, incluye el \u00abprop\u00f3sito de enmienda\u00bb. Esta enmienda \u00abno se realiza solamente con la sola cesaci\u00f3n de la ofensa, sino que exige adem\u00e1s una compensaci\u00f3n\u00bb, compensaci\u00f3n, se entiende, que no puede ser como la que se da a un igual, pues es Dios el ofendido. (III, q. 85, a. 3, resp.)<\/p><p>Como se ve, la verdad de las cosas ha desplegado una arm\u00f3nica cadena de actos: asunci\u00f3n de la responsabilidad ante el mal cometido &gt; dolor ante el mismo en cuanto ofensa de Dios &gt; intenci\u00f3n de repararlo &gt; prop\u00f3sito de enmendarse uno para no volver a cometerlo &gt; y satisfacci\u00f3n del da\u00f1o causado. Todo esto implica la virtud de la penitencia, que tambi\u00e9n es gracia, porque \u00c9l nos la posibilita y ayuda a vivir.<\/p><p>Muchas cosas quedar\u00edan por decir, como la vivencia concreta de la penitencia o su relaci\u00f3n con el sacramento de la Confesi\u00f3n, o cu\u00e1nto debe durar o c\u00f3mo se conecta con el resto de virtudes. Pero baste con esta primera aproximaci\u00f3n para suscitar en nosotros el agradecimiento a Dios por el don inmenso de poder acometer esta tarea, dolorosa y gozosa. Sirva tambi\u00e9n para movernos al deseo la misma y para pedirle a Dios, sensatamente, como hace el sacerdote en la <em>preparatio ad Missam<\/em>, que \u00c9l, que todo lo puede y que tanto nos quiere, nos conceda \u00abspatium verae poenitentiae\u00bb: espacio (tiempo, lugar, posibilidad) de hacer verdadera penitencia. As\u00ed sea.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-16 elementor-top-column elementor-element elementor-element-549f92f\" data-id=\"549f92f\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap\">\n\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-c279056 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"c279056\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-0cb1a02\" data-id=\"0cb1a02\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-7a009a2 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"7a009a2\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p>PUBLICADO EN EL <a href=\"https:\/\/nscristiandad.es\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/Boletin_Laudate_40.pdf\">BOLET\u00cdN \u00abLAUDATE\u00bb N\u00ba40 &#8211; ENERO 2025<\/a><\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-3e5fd5e elementor-share-buttons--view-icon elementor-share-buttons--shape-circle elementor-share-buttons--skin-gradient elementor-grid-0 elementor-share-buttons--color-official elementor-widget elementor-widget-share-buttons\" data-id=\"3e5fd5e\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"share-buttons.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-grid\" role=\"list\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-grid-item\" role=\"listitem\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-share-btn elementor-share-btn_facebook\" role=\"button\" tabindex=\"0\" aria-label=\"Partager sur facebook\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-share-btn__icon\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<i class=\"fab fa-facebook\" aria-hidden=\"true\"><\/i>\t\t\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-grid-item\" role=\"listitem\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-share-btn elementor-share-btn_twitter\" role=\"button\" tabindex=\"0\" aria-label=\"Partager sur twitter\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-share-btn__icon\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<i class=\"fab fa-twitter\" aria-hidden=\"true\"><\/i>\t\t\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-grid-item\" role=\"listitem\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-share-btn elementor-share-btn_telegram\" role=\"button\" tabindex=\"0\" aria-label=\"Partager sur telegram\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-share-btn__icon\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<i class=\"fab fa-telegram\" aria-hidden=\"true\"><\/i>\t\t\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-grid-item\" role=\"listitem\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-share-btn elementor-share-btn_whatsapp\" role=\"button\" tabindex=\"0\" aria-label=\"Partager sur whatsapp\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-share-btn__icon\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<i class=\"fab fa-whatsapp\" aria-hidden=\"true\"><\/i>\t\t\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-grid-item\" role=\"listitem\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-share-btn elementor-share-btn_email\" role=\"button\" tabindex=\"0\" aria-label=\"Partager sur email\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<span class=\"elementor-share-btn__icon\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<i class=\"fas fa-envelope\" aria-hidden=\"true\"><\/i>\t\t\t\t\t\t\t<\/span>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La gracia de la penitencia D. Tom\u00e1s Minguet Civera, Pbro. El Bautismo de Cristo, de Juan Fern\u00e1ndez de Navarrete \u00abel Mudo\u00bb (c. 1567), \u00f3leo sobre tabla. Extra\u00eddo de la colecci\u00f3n digital del Museo del Prado. \u00abPoenitentiam agite\u00bb, haced penitencia (Mt 4, 17; cf. Mc 1, 15). Estas palabras escuetas y aparentemente desabridas, son, ni m\u00e1s [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":27104,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"set","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[55,52],"tags":[],"class_list":["post-27108","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-boletin","category-espiritualidad"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27108","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=27108"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27108\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media\/27104"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=27108"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=27108"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nscristiandad.es\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=27108"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}