{"id":6246,"date":"2021-12-18T15:58:34","date_gmt":"2021-12-18T14:58:34","guid":{"rendered":"https:\/\/nscristiandad.es\/?p=6246"},"modified":"2025-03-24T17:03:18","modified_gmt":"2025-03-24T16:03:18","slug":"la-misa-del-gallo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nscristiandad.es\/fr\/la-misa-del-gallo\/","title":{"rendered":"La Misa del Gallo"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"6246\" class=\"elementor elementor-6246\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-7fbce6e elementor-section-full_width elementor-section-content-middle elementor-section-stretched elementor-section-height-min-height elementor-section-items-bottom elementor-section-height-default elementor-invisible\" data-id=\"7fbce6e\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\" data-settings=\"{&quot;background_background&quot;:&quot;classic&quot;,&quot;stretch_section&quot;:&quot;section-stretched&quot;,&quot;animation&quot;:&quot;fadeInDown&quot;}\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-d2479a2\" data-id=\"d2479a2\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-55f5fff elementor-invisible elementor-widget elementor-widget-heading\" data-id=\"55f5fff\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-settings=\"{&quot;_animation&quot;:&quot;slideInDown&quot;}\" data-widget_type=\"heading.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t<h1 class=\"elementor-heading-title elementor-size-large\">La Misa del Gallo: m\u00fasica sacra y devoci\u00f3n popular<\/h1>\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-1dbb2b3 elementor-invisible elementor-widget elementor-widget-heading\" data-id=\"1dbb2b3\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-settings=\"{&quot;_animation&quot;:&quot;slideInDown&quot;}\" data-widget_type=\"heading.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t<h3 class=\"elementor-heading-title elementor-size-large\">D. Ra\u00fal del Toro Sola, Profesor de \u00f3rgano del Conservatorio Pablo Sarasate<\/h3>\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-31a2a69 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"31a2a69\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-16 elementor-top-column elementor-element elementor-element-775ce84\" data-id=\"775ce84\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap\">\n\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-66 elementor-top-column elementor-element elementor-element-4cd9081\" data-id=\"4cd9081\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-8c22c96 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"8c22c96\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p>Siempre me ha gustado mucho la \u00ab\u00a0Misa del Gallo\u00a0\u00bb. El sonido de las campanas en mitad de la noche me parece una gloriosa provocaci\u00f3n a las rutinas del mundo, un signo de algo tan importante como para quebrar el silencio general. Lo mismo cuando las campanas acompa\u00f1an desde la torre el <em>Gloria in excelsis Deo<\/em> de la Vigilia Pascual. Dos signos para dos noches muy importantes.<\/p><p>La Navidad es vivida desde antiguo, en Espa\u00f1a y en otros pa\u00edses, con un marcado sentido popular. En la primera mitad del siglo XVI Mateo Flecha el Viejo (1481-1553) compuso sus famosas <em>ensaladas<\/em>, llamadas as\u00ed por reunir cada una de ellas dentro de s\u00ed, como a modo de ingredientes dispares, melod\u00edas, ritmos, estilos e idiomas diversos. No eran piezas lit\u00fargicas, pero sus textos -en lengua vern\u00e1cula por lo general- describen la Navidad con una teolog\u00eda de una ortodoxia y reciedumbre impresionantes. Y desacostumbradas en nuestra \u00e9poca.<\/p><p>Tambi\u00e9n en el Renacimiento comenz\u00f3 a generalizarse en Espa\u00f1a la inclusi\u00f3n en la liturgia de Navidad y otras festividades de las llamadas <em>villanescas<\/em> o <em>villancicos<\/em>: composiciones en lengua vern\u00e1cula que sustitu\u00edan a ciertos elementos lit\u00fargicos en lengua latina como los responsorios de maitines. Tambi\u00e9n en esto hubo una evoluci\u00f3n. El Renacimiento sevillano produjo de la mano del gran Francisco Guerrero (1528-1599) unos exquisitos modelos del g\u00e9nero que no desdec\u00edan apenas de sus correspondientes latinos, ni en la m\u00fasica ni en el texto. Poco a poco el elemento \u00ab\u00a0popular\u00a0\u00bb fue ganando terreno hasta llegar en los finales del XVIII a ciertas composiciones bastante m\u00e1s prosaicas y atadas a g\u00e9neros musicales muy elementales como la j\u00e1cara.<\/p><p>Esta decadencia se acentu\u00f3, como en tantos otros \u00e1mbitos, durante el siglo XIX. Pero esto no impidi\u00f3 que la parte musical de estas misas navide\u00f1as decimon\u00f3nicas hiciera cierta mella en el esp\u00edritu de la \u00e9poca. En el cap\u00edtulo XXIII de su famosa novela <em>La Regenta<\/em>, Leopoldo Alas \u00ab\u00a0Clar\u00edn\u00a0\u00bb describe una misa del gallo en la catedral de Vetusta en la que el \u00f3rgano hace sonar canciones y bailes profanos, ins\u00f3litos en el culto del resto del a\u00f1o. Ante tal mundanizaci\u00f3n, la voz cr\u00edtica que Clar\u00edn hace emerger es la del notorio ateo Don Pompeyo Guimar\u00e1n:<\/p><p><em>(&#8230;) Oigan ustedes a ese organista, borracho como ustedes probablemente:<\/em> <em>convierte el templo del Se\u00f1or, llam\u00e9moslo as\u00ed, en un baile de candil&#8230; en una org\u00eda&#8230;<\/em> <em>Se\u00f1ores, \u00bfen qu\u00e9 quedamos,<\/em> <em>es que ha nacido Cristo o es que ha resucitado el dios Pan?<\/em><\/p><p>En un registro m\u00e1s elevado se mueve Gustavo Adolfo B\u00e9cquer en su Leyenda <em>Maese P\u00e9rez, el organista<\/em>. Tambi\u00e9n est\u00e1 ambientada alrededor de la misa del gallo, a la que maese P\u00e9rez acude a tocar por \u00faltima vez antes de morir. La evocaci\u00f3n musical es muy diferente de la de Clar\u00edn:<\/p><p><em>(&#8230;)En aquel punto sonaban las doce en el reloj de la catedral. Pas\u00f3 el Introito, y el Evangelio, y el Ofertorio; lleg\u00f3 el instante solemne en que el sacerdote,<\/em> <em>despu\u00e9s de haberla consagrado, toma con la extremidad de sus dedos la Sagrada Forma y comienza a elevarla.<\/em> <em>Una nube de incienso que se desenvolv\u00eda en ondas azuladas llen\u00f3 el \u00e1mbito de la iglesia. Las campanas repicaron con un sonido vibrante y maese P\u00e9rez puso sus crispadas manos sobre las teclas del \u00f3rgano.<\/em><\/p><p><em>Las cien voces de sus tubos de metal resonaron en un acorde majestuoso y prolongado,<\/em> <em>que se perdi\u00f3 poco a poco, como si una r\u00e1faga de aire hubiese arrebatado sus \u00faltimos ecos.<\/em><\/p><p><em>A este primer acorde, que parec\u00eda una voz que se elevaba desde la tierra al cielo, respondi\u00f3 otro lejano y en un torrente de atronadora armon\u00eda.<\/em> <em>Era la voz de los \u00e1ngeles que, atravesando los espacios, llegaba al mundo.<\/em><\/p><p><em>Despu\u00e9s comenzaron a o\u00edrse<\/em> <em>como unos himnos distantes que entonaban las jerarqu\u00edas de serafines.<\/em> <em>Mil himnos a la vez, que al confundirse formaban uno solo, que, no obstante, s\u00f3lo era el acompa\u00f1amiento de una extra\u00f1a melod\u00eda, que parec\u00eda flotar sobre aquel oc\u00e9ano de acordes misteriosos, como un jir\u00f3n de niebla sobre las olas del mar.<\/em><\/p><p><em>Luego fueron perdi\u00e9ndose unos cuantos; despu\u00e9s, otros. La combinaci\u00f3n se simplificaba. Ya no eran m\u00e1s que dos voces, cuyos ecos se confund\u00edan entre s\u00ed; luego qued\u00f3 una aislada, sosteniendo una nota brillante como un hilo de luz.<\/em> <em>El sacerdote inclin\u00f3 la frente, y por encima de su cabeza cana, y como a trav\u00e9s de una gasa azul que fing\u00eda el humo del incienso, apareci\u00f3 la Hostia a los ojos de los fieles. En aquel instante, la nota que maese P\u00e9rez sosten\u00eda tremante se abri\u00f3 y una explosi\u00f3n de armon\u00eda gigante estremeci\u00f3 la iglesia, en cuyos \u00e1ngulos zumbaba el aire comprimido y cuyos vidrios de colores se estremec\u00edan en sus angostos ajimeces.<\/em><\/p><p><em>De cada una de las notas que formaban aquel magn\u00edfico acorde se desarroll\u00f3 un tema, y unos cerca, otros lejos, \u00e9stos brillantes, aqu\u00e9llos sordos, dir\u00edase que las aguas y los p\u00e1jaros, las brisas y las frondas, los hombres y los \u00e1ngeles, la tierra y los cielos, cantaban, cada cual en su idioma, un himno al nacimiento del Salvador.<\/em><\/p><p><em>La multitud escuchaba at\u00f3nita y suspendida. En todos los ojos hab\u00eda una l\u00e1grima; en todos los esp\u00edritus, un profundo recogimiento. El sacerdote que oficiaba<\/em> <em>sent\u00eda temblar sus manos, porque Aquel que levantaba en ellas, Aquel a quien saludaban <\/em> <em>hombres y arc\u00e1ngeles,<\/em> <em>era su Dios, y le parec\u00eda haber visto abrirse los cielos y transfigurarse la Hostia.(&#8230;)<\/em><\/p><p>Desde ni\u00f1o me llamaba mucho la atenci\u00f3n la <em>Misa de Pastorela<\/em> compuesta por el guipuzcoano afincado en Madrid Ignacio Busca de Sagastiz\u00e1bal (1868-1950), y que en algunas iglesias se sigue cantando en la noche de Navidad. Este m\u00fasico fue organista de la Bas\u00edlica de San Francisco el Grande de Madrid. En esa misma iglesia promovi\u00f3 en el primer tercio del siglo XX la celebraci\u00f3n de uno de los primeros ciclos estables de conciertos sacros, en los que se escuchaban ejemplos de la reci\u00e9n redescubierta polifon\u00eda lit\u00fargica del Renacimiento, as\u00ed como m\u00fasica de \u00f3rgano. Es autor del famoso e impresionante <em>Cantemos al amor de los amores<\/em>, firme monumento del canto devocional popular y del <em>Himno a la Virgen de Covadonga<\/em> que no podemos dejar de citar en este bolet\u00edn, junto a otras muchas obras m\u00e1s.<\/p><p>Ignacio Busca compuso su <em>Misa de Pastorela<\/em> con sencillas melod\u00edas en ritmo de villancico -que pide a gritos el acompa\u00f1amiento de panderos y zambombas- pero eso s\u00ed, respetando escrupulosamente el texto del Ordinario de la Misa. Obviamente en lo musical esta misa no encajaba nada con el ideal gregoriano y polif\u00f3nico que estableci\u00f3 en 1903 el Motu Proprio <em>Tra le sollecitudini<\/em> de San P\u00edo X, y por ello fue objeto de censura eclesi\u00e1stica no siempre llevada a t\u00e9rmino.<\/p><p>Quiz\u00e1 estas efusiones de m\u00fasica \u00ab\u00a0mundana\u00a0\u00bb en la liturgia navide\u00f1a pod\u00edan encontrar encaje en la sociedad de hace d\u00e9cadas, cuando la vida cristiana lat\u00eda hasta en los detalles de lo cotidiano. Entonces incluso un escritor tan poco simpatizante con el catolicismo como Clar\u00edn pod\u00eda interpretar as\u00ed las mencionadas juerguecillas del \u00f3rgano catedralicio:<\/p><p><em>(&#8230;) Y todo esto era porque hac\u00eda mil ochocientos setenta y tantos a\u00f1os hab\u00eda nacido en el portal de Bel\u00e9n el Ni\u00f1o Jes\u00fas&#8230;. \u00bfQu\u00e9 le importaba al \u00f3rgano? Y sin embargo,<\/em> <em>parec\u00eda que se volv\u00eda loco de alegr\u00eda&#8230; que perd\u00eda la cabeza y echaba por aquellos tubos c\u00f3nicos, por aquellas trompetas y ca\u00f1ones,<\/em> <em>chorros de notas que parec\u00edan lucecillas para alumbrar las almas.<\/em><\/p><p>Ahora bien, \u00bfestamos ahora en una situaci\u00f3n similar? Parece claro que no. Ahora es m\u00e1s necesario que nunca preservar el car\u00e1cter sagrado, sobrenatural y teoc\u00e9ntrico de la liturgia navide\u00f1a. Quien la pr\u00f3xima nochebuena cruce el umbral del templo seguramente ya no traer\u00e1 dentro de s\u00ed, a diferencia de sus abuelos, una estructura mental y vital cristiana favorecida por el entorno de modo que pueda permitirse esa jocosa y puntual <em>mundanizaci\u00f3n<\/em> lit\u00fargica.<\/p><p>M\u00e1s bien ser\u00e1 un cristiano asediado por el mundo en el sentido m\u00e1s tremendo del t\u00e9rmino, con toda la artiller\u00eda de los medios de comunicaci\u00f3n, los ambientes sociales y el riguroso sistema dogm\u00e1tico de lo pol\u00edticamente correcto disparando a discreci\u00f3n contra la l\u00ednea de flotaci\u00f3n de su fe. Necesitar\u00e1 respirar el aire fresco venido de lo alto, el que baja del cielo abierto durante la Misa, el que proporciona la liturgia de la Iglesia.<\/p><p>Confieso que yo descubr\u00ed la Navidad la noche en que, despu\u00e9s de muchas misas navide\u00f1as con panderetas y cascabeles, pude escuchar por vez primera c\u00f3mo comenzaba una Misa del Gallo -celebrada en aquel caso con canto gregoriano- con su ant\u00edfona de entrada propia:<\/p><p><em>El Se\u00f1or me ha dicho: t\u00fa eres mi hijo, yo te he engendrado hoy.<\/em><\/p><p>Comprend\u00ed de golpe el sentido de los belenes, los \u00e1rboles de navidad, los villancicos, los turrones y todo el hermoso lenguaje popular de la navidad cristiana, \u00e9se que alegr\u00f3 la infancia de quienes la pudimos vivir antes de la apisonadora laicista que hoy tan democr\u00e1ticamente censura la Navidad en muchos colegios.<\/p><p>Escuchar esa ant\u00edfona en medio de la noche, <em>cuando un silencio apacible lo envolv\u00eda todo<\/em>, y asistir a la celebraci\u00f3n del nacimiento de Cristo con toda la solemnidad sobrenatural y sagrada de la aut\u00e9ntica liturgia cat\u00f3lica, celebrada con piedad y con fidelidad a las r\u00fabricas, signific\u00f3 para m\u00ed descubrir la verdadera Navidad, al lado de la cual el habitual colorido popular, tan hermoso cuando se circunscribe a su \u00e1mbito propio, no es sino preludio, trasunto o glosa.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-16 elementor-top-column elementor-element elementor-element-3b83568\" data-id=\"3b83568\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap\">\n\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Misa del Gallo: m\u00fasica sacra y devoci\u00f3n popular D. 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