Novena a la Santísima Virgen de Covadonga

Santo Rosario

Oración inicial para todos los días

Amorosísima Virgen María, Soberana Emperatriz de Cielos y tierra, hermosísima Reina de los Ángeles, Madre y abogada de los pecadores, oíd la súplica que os dirigimos desde este sitio. Dirigid una cariñosa mirada que penetre nuestro corazón. Concedednos la gracia que os pedimos en esta santa novena, llenad nuestra alma de las esclarecidas virtudes que os adornan, inflamadla en el más puro y santo amor de Dios y no permitáis que hagamos cosa alguna que os desagrade. Nos consagramos a vuestro amor y servicio y nunca más olvidaremos vuestras bondades. Alcanzadnos la verdadera santificación en esta vida, la perseverancia final y recibidnos en la hora de la muerte. Amén.

A continuación léase la consideración de cada día. 

DÍA PRIMERO

Considera que la fe, como dice San Pablo, es el fundamento de todas las cosas que esperamos en esta vida y en la otra y el principio de la justificación. Es necesaria para alcanzar la gracia, la caridad y las demás virtudes. Ella dio mérito y valor a todos los Santos; y sin ella es imposible agradar a Dios. Ella inspira las costumbres cristianas y, en todo tiempo, ha sido antorcha que ha guiado los pasos de todo hombre que quiere caminar al cielo.

Al finalizar, medítese y pídase la gracia que se desea obtener, terminando con cinco Ave Marías y la jaculatoria “Madre mía de Covadonga, salvadme y salvad a España”.

DÍA SEGUNDO

La esperanza cristiana es la virtud sobrenatural, que nos hace confiar en la bondad de Dios, por los méritos de Jesucristo, a fin de obtener las gracias necesarias, en la presente vida, de vivir santamente, y en la otra, la gloria del cielo para la que fuimos creados. Debe ser firme, constante, entera y activa.

DÍA TERCERO

La caridad es la reina de las virtudes, y por ella amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo por Dios. Es tan necesaria para salvarse, que la fe sin ella es muerta; y aunque tuviéramos el don de lenguas, y hablásemos como los Ángeles, si nos falta la caridad seríamos como el metal que suena y campana que tañe; y aunque convirtiésemos pecadores, revelásemos lo futuro, conociésemos los misterios y trasladásemos los montes, sin la caridad nada somos. Dios es caridad y mora en el que está lleno de esta virtud.

DÍA CUARTO

Considera que, después de Dios, ningún objeto se nos puede ofrecer tan digno del amor, como su Santísima Madre que lo es también nuestra.

En la Cruz recibió este glorioso título, y mira qué bien lo desempeñó. ¿Cuántas veces has experimentado la saludable influencia de sus bondades? ¿De cuántos peligros te apartó esta cariñosa Madre? Confía en Ella y agradécele su misericordia y amor.

DÍA QUINTO

La humildad es una excelente virtud. Jesucristo ha querido ser de ella modelo, y la presenta como fundamento de su Evangelio. “Aprended de mí”, nos dice, “que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas”. Todos los Santos la han practicado y la Santísima Virgen en esto les ha superado.

DÍA SEXTO

La castidad es necesaria en la vida cristiana. ¿De qué servirían las virtudes sin la pureza de corazón, sin la santidad de los afectos? La castidad se eleva sobre todas las cosas terrenas, y te coloca en compañía de los espíritus celestiales. Por ella la Santísima Virgen mereció atraerse las miradas de Dios y la admiración del universo.

DÍA SÉPTIMO

La oración nos es también necesaria. Dios nos ha criado para amarle, servirle y reverenciarle en la tierra, y salvarnos. “Pedid y recibiréis”, nos dice Jesucristo. Oremos humilde, fervorosa y confiadamente, unas veces al Eterno Padre, por su bondad y omnipotencia, otras a Jesucristo, por su Encarnación, pasión y trabajos; otras, al Espíritu Santo, por el amor que tiene al Padre y al Hijo y por la santificación que obra en nosotros; y también a nuestra cariñosa Madre que tanto ama e intercede por sus hijos.

DÍA OCTAVO

La mortificación nos es imprescindible. Sin ella no adelantarás en la oración, ni serán perfectas las demás virtudes, ni aprovecharás todo el mérito de las obras. Jesucristo padeció porque quiso, y he aquí su mérito. Acepta, como tu divino Maestro, con voluntad el sacrificio, mortifícate y recibe con alegría los trabajos que te envíe le Señor; hazte semejante a Jesús, varón de dolores y hecho oprobio por nuestros pecados, y camina al cielo por el sendero meritorio de la Cruz, como lo ha hecho la Santísima Virgen.

DÍA NOVENO

La perseverancia es uno de los más preciosos dones de la vida espiritual. Ella es la corona de la santificación en esta vida y la prenda de salvación en la otra. La constancia en el bien fue el carácter de tu Madre, la Santísima Virgen. Ni un momento desfalleció en toda su vida, no obstante las muchas contradicciones y acerbas penas que tuvo que sufrir en ella. Pasó, como Jesús, haciendo el bien y adornándose siempre con las más exquisitas flores de virtudes.

Oración final para todos los días

Antífona. He aquí que María era nuestra esperanza, a la que recurrimos, buscando auxilio para que nos librase, y vino en nuestra ayuda.

℣. Permitidme que os alabe, Virgen Sagrada.
℟. Dadme valor contra vuestros enemigos.

℣. Dignare me laudare te, Virgo Sacrata.
℟. Da mihi virtutem contra hostes tuos.

Omnipotente y misericordioso Dios, que constituiste admirablemente a la Santísima Virgen en perpetuo auxilio y defensa del pueblo cristiano, concédenos propicio que, peleando fortalecidos con tal amparo en la vida, merezcamos alcanzar victoria sobre el enemigo maligno en la muerte. Amén.

HIMNO DE COVADONGA

Bendita la Reina de nuestra montaña,
que tiene por trono la cuna de España
y brilla en la altura más bella que el sol.
Es Madre y es Reina. Venid, peregrinos,
que ante Ella se aspiran amores divinos
y en Ella está el alma del pueblo español.

Dios te salve, Reina y Madre
del pueblo que hoy te corona
en los cánticos que entona
te da el alma y corazón.
Causa de nuestra alegría,
vida y esperanza nuestra,
bendice a la patria y muestra
que sus hijos tuyos son.

Como la estrella del alba
brilla anunciando la gloria
y es el pórtico la Gruta
del templo de nuestra historia.
Ella es el cielo y la patria,
el heroísmo y la fe;
y besa el alma de España
quién llega a besar su pie.

Virgen de Covadonga, Virgen gloriosa,
flor del cielo que aromas nuestra montaña,
Tú eres la más amante, la más hermosa,
Reina de los que triunfan, Reina de España.
Nuestros padres sus ojos a ti volvieron
y una patria en tus ojos adivinaron,
con tu nombre en sus labios por ti lucharon,
con tu amor en las almas por ti vencieron.