¿PATHOS EN DIOS? UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA: MODERNIDAD FILOSÓFICA
D. Gabriel Orejas Iriarte, Universidad Francisco de Vitoria
En la Edad Moderna ocurre el gran giro que sentará las bases para un cambio de parecer en el tema de la pasibilidad/impasibilidad de Dios1. En los capítulos anteriores, se ha visto que la tesis de la impasibilidad divina, entendida como se ha expuesto, era algo aceptado y defendido en líneas generales. Como en las épocas pretéritas, el tema de la pasibilidad divina no fue tratado de manera directa, sino más bien de manera indirecta a partir de ideas respecto a Dios. Sin embargo, como se ha dicho, en este período hubo cambios importantes a la hora de entender a Dios, tanto en filosofía como en teología. Los golpes que empezaron a demoler la teoría de la impasibilidad divina fueron principalmente dos: la «reforma» protestante con su teología de la cruz, y la filosofía racionalista moderna, que dará pie a una concepción de Dios no providente ni amoroso, aunque con diferencias en los autores. Esto causó que se diese al término impasibilidad la connotación que hoy tiene. Esta filosofía influyó en las comunidades protestantes y dio origen a la teología liberal.
La «reforma» protestante rompió con la tradición precedente y propuso un nuevo modo de entender la Revelación, además de una nueva teología: la teología de la cruz2. Esta bebió de las ideas nominalistas expuestas en el epígrafe anterior. La expresión fue acuñada por Lutero en sus tesis de Heidelberg de 1518. Esta teología se contrapondría a la teología de la gloria (=la teología anterior o clásica). Criticaba la teología especulativa medieval, que trataba de conocer atributos de Dios por medio de la analogía. Se consideró que este esfuerzo especulativo no sería sino algo soberbio, pues equivaldría a alcanzar la gloria de Dios por las propias fuerzas humanas (la razón). Así, en vez de buscar a Dios por esta especulación presuntuosa, Lutero propone que solo podemos conocer a Dios escondido en Cristo, en especial en su pasión y crucifixión. De esta manera, solo podríamos tener un conocimiento vago, desconcertante y opacado de Dios, y caeríamos, así, en el fideísmo y rechazaríamos cualquier aproximación racional. Para defender esta idea, se basa en algunas afirmaciones de san Pablo en la Carta a los Romanos3 y las Cartas a los Corintios4. Es en la cruz donde se daría el verdadero conocimiento de Dios. Esta teología está llena de paradojas desconcertantes5. Este modo de pensar marcó un nuevo camino en la reflexión de la pasibilidad/impasibilidad divina. Lutero no trató el tema en sí mismo, pero marcó la senda que seguirán futuros autores defensores del teopasquismo como se verá más adelante.
En cuanto a la segunda causa, la filosofía moderna, a pesar de su aparente novedad, volvió a esquemas, con diversos matices, de muchas de las filosofías antiguas. Según Descartes6, Dios simplemente sería la primera causa que había puesto en funcionamiento el mecanismo del universo, pero, una vez dado el primer impulso, la gran máquina del mundo no necesitaría de la ayuda de Dios para subsistir. Como se ve, el planteamiento es muy similar al atomismo de los epicúreos. Así, Dios no gobierna ni es providente respecto del mundo, sino solo su activador. Dios sería por ello impasible, entendiendo este concepto como una indiferencia ante su creación una vez que está ya en funcionamiento. Baruch Spinoza vuelve a traer un planteamiento parecido al de los estoicos, en el cual Dios sería inmanente al mundo, pues este y Dios se identificarían7. La naturaleza para Spinoza sería divina. La diversidad de entes serían meros modos o caras de la substancia divina a la que pertenecemos. Según Héctor Sevilla Godínez8, de esta concepción se deduciría fácilmente que en Dios no hay emociones o pasiones, pues no es personal, siendo este inmutable. Es más, en el planteamiento de Spinoza, debido a su monismo metafísico, no habría lugar para el cambio, volviendo a la postura de Parménides9. Por otra parte, Leibniz concibió a Dios como la mónada absoluta en la cual se encuentra el fundamento de la armonía preestablecida del universo, además de todas sus leyes determinantes10. Así, para este autor, Dios tampoco sería pasible, providente ni amoroso, pues solamente sería el garante del orden prefigurado del mundo y de las leyes necesarias que lo rigen. Como se ve, en estos autores se mantiene la idea, con sus diferencias y matices, de que la divinidad es impasible, pero con el añadido de que tampoco es providente ni amorosa11. Dios es solo el relojero que ha dado cuerda a la gran máquina autosuficiente que es el universo. Esto es muy importante, pues muchos autores, a la hora de criticar la impasibilidad divina, la entenderán a la manera de estos pensadores.
En el campo filosófico falta mencionar un autor que puso los cimientos para las futuras reflexiones acerca del teopasquismo, aunque ya entra en la época contemporánea. Este no es otro que Hegel12. Para Hegel Dios es un ser en devenir, un Dios que se hace mediante un proceso dialéctico. No es inmutable, sino dinámico. El destino de todo ente es la negación o destrucción para así poder darse la totalidad. En el plano de la Encarnación, Dios al encarnarse y morir se negaría a sí mismo y moriría para luego volver al Padre. Cabe mencionar que, debido a esta concepción, Dios sería inmanente, no trascendente. A partir de estas ideas se desarrollarán teorías teológicas que buscarán atribuir dolor (una determinada pasión) a Dios mismo, ya sea en su esencia misma o en la relación que Este tiene con la creación. La propia teología kenótica fundada por G. Thomasius en el siglo XIX es un claro ejemplo de la influencia hegeliana en esto13. Esta corriente interpreta la kénosis (=vaciamiento) del Hijo como un despojamiento total o parcial de su esencia divina. Desde esta doctrina se puede afirmar sin problema el teopasquismo, en cuanto que Dios, al dejar su divinidad o parte de ella, es capaz de sufrir14.
Por último, es necesario hablar del paradójico desarrollo que sufrió la teología protestante en el siglo XIX y los inicios del siglo XX. Junto a la teología de la cruz, apareció una nueva corriente teológica denominada teología liberal15. Esta se inspiró y empezó a tomar ideas de varios autores como Schleiermacher, Hegel y David Strauss. Sus mayores representantes fueron Albrech Ritschl y el mismo Adolf von Harnack. Este autor destacó por aplicar a la Sagrada Escritura y a la Tradición el método histórico-crítico, que sería la única manera de realizar un estudio científico de estos objetos. Por este camino se acabaron negando los milagros, que quedarían reducidos a un fruto de la mentalidad mágica de la época antigua, y los dogmas, los cuales estarían causados por la helenización que sufrió el cristianismo en los primeros siglos16. De esta forma, el cristianismo quedaría reducido a una enseñanza moral. Su objetivo consistió en demostrar que hay una coincidencia entre cristianismo y cultura. El resultado fue una teología de corte racionalista que también influyó notablemente en la herejía del modernismo. Sin embargo, debido a los acontecimientos históricos de inicios del siglo XX y a la aparición de nuevas filosofías como el existencialismo, muchos teólogos protestantes empezaron a desarrollar otras alternativas teológicas. Estas buscaron volver a la teología de la cruz, adaptándola a las nuevas filosofías del momento17.
En conclusión, la Edad Moderna y autores contemporáneos como Hegel y Harnack, produjeron las bases que permitieron un cambio de dirección en el pensamiento acerca de la pasibilidad/impasibilidad de Dios, cuyas consecuencias empezaron a desvelarse a finales del siglo XIX. Por un lado, apareció la teología luterana de la cruz, que negaba que la razón pudiera conocer a Dios, siendo el único camino un entendimiento de la divinidad oscuro y paradójico a partir de la pasión del Hijo. Y, por otro, las diversas filosofías modernas trajeron viejas visiones acerca de la divinidad, la cual sería impasible (=insensible o indiferente), pero también no-amorosa ni providente con el universo. Estas ideas llegaron a dominar parte de la teología protestante, negando cualquier elemento sobrenatural y espiritual en la Revelación. Como pieza clave, la aparición del pensamiento de Hegel proporcionó las herramientas necesarias para poder llevar a cabo la revolución que ya a principios del siglo XIX se empezaba a vislumbrar.
1 Hubiese sido interesante ver la cuestión en los textos pertenecientes a la llamada Devotio Moderna. Lo dejamos para otros estudios.
2 Eduardo Vadillo Romero, Antropología teológica I: introducción teológica a la creación, vocación sobrenatural y pecado original, 206-207.
3 Rom 3, Rom 4 y Rom 7, 13-25.
4 1 Cor 1, 17- 29 y 1 Cor 1, 18-15; 2, 1-2. 2 Cor 12, 10.
5 Algunos ejemplos son las afirmaciones sobre la oscuridad e irracionalidad de la Palabra de Dios y de este mismo o que la verdad de Dios está oculta bajo lo que parece ser mentira. Véase Martín Lutero, Obras Volumen II: 95 Tesis sobre el Valor de las Indulgencias; Martín Lutero, Obras Volumen IV: La voluntad determinada.
6 Vicente Lozano Díaz, Razón y realidad en el pensamiento occidental, 233-247.
7 Eduardo Vadillo Romero, Antropología teológica I: introducción teológica a la creación, vocación sobrenatural y pecado original, 261-262; Vicente Lozano Díaz, Razón y realidad en el pensamiento occidental, 249-259.
8 Héctor Sevilla Godínez, El pathos divino en la filosofía judía, 262-263.
9 Sin embargo, aquí se ve una contradicción del planteamiento de Spinoza y de la apreciación de Héctor Sevilla Godínez con lo que se ha comentado en la página 9 sobre que, en última instancia, el panteísmo puede derivar en un teopasquismo, pues el mundo/Dios está sometido al cambio.
10 Eduardo Vadillo Romero, Antropología teológica I: introducción teológica a la creación, vocación sobrenatural y pecado original, 262-264; Vicente Lozano Díaz, Razón y realidad en el pensamiento occidental, 261-270.
11 Nótese la diferencia de la connotación del término con la de los Padres o los autores medievales, en los que nunca estuvo presente.
12 Sebastián Ramos Mejía, La cuestión del sufrimiento de Dios Una aproximación al pensamiento teológico contemporáneo, 270; Vicente Lozano Díaz, Razón y realidad en el pensamiento occidental, 317-342; Giovanni Reale y Dario Antiseri, Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo 3º, Del Romanticismo hasta hoy, 99-154; Eduardo Vadillo Romero, Antropología teológica I: introducción teológica a la creación, vocación sobrenatural y pecado original, 268-270; Hans Urs von Balthasar, Teodramática.Vol. 5, El último acto, 221-224.
13 Pío XII, Sempiternus Rex Christus.
14 No está de más decir que esto contradice las sentencias del concilio de Calcedonia.
15 Giovanni Reale y Dario Antiseri, Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo 3º, Del Romanticismo hasta hoy, 653.
16 Todo esto se puede comprobar en las obras citadas de Harnack más arriba: página 3, nota número 2.
17 Se verán algunas más adelante.
PUBLICADO EN EL BOLETÍN «LAUDATE» Nº53 – ENERO 2025