«ES UNA ESCUELA DE VIRTUDES» —EXPERIENCIA NSC-E—
D. Agustín, Capítulo Santa Teresa
Agustín y María Ángeles llevan casi veinte años casados, tienen cinco hijos y proceden de familias católicas. Aunque ambos vivieron en la adolescencia una etapa de cierto alejamiento de la fe, terminaron reencontrándose con ella y se conocieron precisamente en una parroquia. Hoy, la Peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad se ha convertido en una de las fechas más importantes del calendario familiar.
La sexta edición concluyó el lunes 27 de julio con la llegada de cerca de 1 700 peregrinos al Santuario de Nuestra Señora de Covadonga, tras recorrer durante tres días casi cien kilómetros desde Oviedo. La marcha estuvo marcada por la oración, la penitencia, la convivencia y la celebración de la liturgia tradicional.
«Lo primero que hago cuando estreno la agenda en enero es marcar los días de la peregrinación», reconoce María Ángeles. Para el matrimonio, esos tres días son una ocasión de oración, sacrificio, formación y vida familiar que esperan durante todo el año.
Su historia comenzó hace seis años, cuando una prima de María Ángeles y su marido participaron en la primera edición. A su regreso hablaban con tal entusiasmo de lo vivido que despertaron su curiosidad. «Ella venía radiante, diciendo que había visto la grandeza de la Iglesia», recuerda María Ángeles. Desde entonces, la familia no ha faltado ningún año.
Tres días de peregrinación hasta Covadonga
Inspirada en la tradicional peregrinación de Pentecostés entre París y Chartres, Nuestra Señora de la Cristiandad se ha consolidado como la principal convocatoria vinculada al usus antiquior en España. La edición de este año comenzó con una Hora Santa en la catedral de Oviedo y, al día siguiente, festividad de Santiago Apóstol, los peregrinos partieron hacia Covadonga distribuidos en cuarenta capítulos.
Durante el recorrido rezaban el rosario, escuchaban meditaciones espirituales y asistían cada día a la Santa Misa según la forma extraordinaria del rito romano que era celebrada en los distintos puntos del recorrido, aunque no pudo celebrarse en el punto de partida en la Catedral de Oviedo ni a su término en el Santuario de Covadonga.
Un descubrimiento progresivo de la liturgia tradicional
La relación del matrimonio con la Misa tradicional fue progresiva. María Ángeles quedó cautivada antes por su belleza, mientras que Agustín necesitó más tiempo para comprenderla. Al principio la veía como algo «exótico», propio de una sensibilidad distinta de la suya, pero con los años empezó a descubrir en ese ambiente una fe más sólida, formada e íntegra.
«En ese ambiente se respira algo que, en general, no se respira fuera», explica él. Destaca la unión entre fe personal, familia, sociedad y patria, mientras que María Ángeles subraya la belleza de la liturgia: el cuidado de los altares, la solemnidad de los cantos, el silencio de los fieles y la presencia de multitud de sacerdotes venidos de diversidad de lugares.
«Cada gesto es bellísimo. Todo está muy cuidado», señala ella. «Pero no es solo belleza. Es una fe basada en la razón, en la formación, en la doctrina de siglos y en la vida de los santos». Agustín reconoce que incluso los largos cantos solemnes, que antes podían resultarle pesados, hoy le ayudan al recogimiento y a la oración interior.
Cinco hijos y cinco formas de peregrinar
Las familias con niños pueden participar en itinerarios adaptados. Agustín y María Ángeles realizan habitualmente con sus hijos las dos etapas centrales de cada jornada, unos catorce kilómetros diarios. En la edición de 2026 se incorporó además una «minirruta» para familias con niños pequeños, accesible para carritos de bebé y conectada mediante autobuses con el resto de la peregrinación.
En su familia, cada hijo ha ido viviendo todo de una forma distinta. Los mayores acudieron al principio movidos por la presencia de otros familiares; más tarde participaron con cierta resistencia, pero el crecimiento del ambiente juvenil ha cambiado su actitud. La hija mayor, de 17 años, este año ha terminado diciendo que el próximo quiere hacer la peregrinación completa.
Los pequeños también encuentran su lugar: uno de los hijos disfruta sirviendo como acólito y la menor participa con entusiasmo en las actividades y catequesis infantiles. Para sus padres, uno de los grandes frutos es que los niños y jóvenes descubren familias que viven la fe de una manera semejante y comprueban que «no somos solamente nosotros los raros».
Cuando ya no quedan fuerzas
La peregrinación no es una excursión cómoda. Se pasa calor o frío, puede llover en ocasiones, hay falta de sueño, los caminos a veces son difíciles y hay momentos en los que los niños no quieren avanzar. María Ángeles explica que muchas veces no les falta capacidad física, sino motivación. Entonces aparece un amigo, una conversación o una pequeña ayuda que les permite seguir.
Agustín recuerda una jornada en la que uno de sus hijos estaba agotado y apenas quería continuar. Como ya no podía cargarlo, le propuso ir contándose chistes y finalmente logró animarle. En otra ocasión, una peregrina se acercó al niño, conversó con él y consiguió que terminara la etapa: «nos salvó la jornada», recuerda María Ángeles.
Ese espíritu de ayuda se repite durante todo el camino: jóvenes que cargan a niños, desconocidos que acompañan a quienes se quedan rezagados y familias que comparten agua, comida o una conversación.
«No es para pasarlo bien, se disfruta en un sentido profundo»
Antes de partir, un familiar deseó a Agustín que lo pasaran bien. Aquella frase le hizo pensar: «Me di cuenta de que el objetivo no era pasarlo bien», afirma, «esto se disfruta en un sentido profundo, pero en sentido humano hay momentos en los que se pasa mal».
El cansancio, el barro, los pies doloridos, las tiendas mojadas o la falta de comodidades forman parte de un sacrificio libremente asumido. Para Agustín, esa experiencia enseña que la vida no consiste solo en buscar comodidad. «Es una escuela de virtudes», resume. Su hija mayor coincide: el esfuerzo ayuda a superarse y a prescindir durante unos días de lo accesorio.
Una meditación comparó el camino hasta Covadonga con el camino al cielo: un trayecto con momentos buenos y malos, dificultades y caídas, pero también con una meta que da sentido a todo.
Catequesis para toda la familia
La oración acompaña todo el recorrido: rosario, cantos y meditaciones. Además, la organización ofrece catequesis adaptadas a cada edad. En esta edición, los más pequeños asistieron a una representación sobre la conversión de los visigodos a la fe católica, mientras que los adolescentes recibieron una formación cuyos consejos la familia ha seguido aplicando después en casa.
El lema, «Por la fe conquistaron reinos», estuvo presente en meditaciones y catequesis. Para María Ángeles, la enseñanza principal fue que para reconquistar el mundo para la cristiandad hay que empezar por reconquistarse a uno mismo, luchando contra las propias pasiones y la comodidad.
Matrimonios y vocaciones entre los frutos de la peregrinación
Agustín y María Ángeles aseguran que los frutos de la peregrinación no terminan al llegar a Covadonga. Durante estos años han conocido a jóvenes que se encontraron en las primeras ediciones, comenzaron una relación y ahora regresan casados y con hijos. También han tenido noticia de vocaciones religiosas surgidas en torno al camino.
A su juicio, la peregrinación no es solo una experiencia intensa, sino un ambiente donde pueden madurar amistades, noviazgos y decisiones capaces de orientar una vida entera.
Disciplina y libertad para las familias
El matrimonio insiste en que ninguna familia debería renunciar por miedo a no resistir el ritmo. La organización combina disciplina y flexibilidad: se mantiene el orden de la marcha, pero cada familia puede adaptar las etapas a sus circunstancias con facilidad. Si alguien no puede continuar, hay autobuses y coches de apoyo.
También destacan el trabajo de los voluntarios. Al final de las etapas los peregrinos encuentran agua, fruta, pan, sombra, asistencia médica y espacios preparados para descansar. Les impresionan especialmente el orden y la limpieza: cuando las cerca de dos mil personas que forman parte de la peregrinación abandonan cualquier zona en la que han pasado la noche o han comido… apenas queda rastro de su paso.
Un crecimiento constante
El número de peregrinos aumenta cada año. La sexta edición reunió cuarenta capítulos: veintinueve de España y once del extranjero. Hay familias que repiten fielmente, pero también una renovación constante de jóvenes y nuevos participantes.
La presencia internacional es cada vez más visible, con peregrinos de Francia, Polonia, Irlanda, los Países Bajos y otros lugares. María Ángeles recuerda una ocasión en la que rezó el rosario en latín con grupos de distintas nacionalidades, cada uno con su acento. Para ella, esa escena resume una de las dimensiones más hermosas de la peregrinación: personas de procedencias, edades y circunstancias distintas, unidas por una misma fe.
Agustín y María Ángeles han visto crecer la convocatoria, cómo van viniendo nuevas personas y cómo aumenta la presencia de jóvenes y de peregrinos extranjeros. Pero su principal medida de ese crecimiento no está en las cifras, sino en sus propios hijos: quienes al principio iban arrastrados por sus padres y ahora quieren volver y piden más camino.
PUBLICADO EN EL BOLETÍN «LAUDATE» Nº61 – OCTUBRE 2026