Vida de san Efrén

Autor Anónimo

“Saint Ephraem”, grabado de 1594, Sadeler y Maarten de Vos. Extraído de la colección digital del Rijksmuseum. Detalle.

CAPÍTULO I

Nuestro santo Padre Efrén, natural de Oriente, sirio de nación, nació de piadosos padres en Edesa. Vivió en los tiempos del rey Constantino el Grande y de los que reinaron tras él y, desde su niñez, se abstuvo de toda obra mala. Una vez, sus padres, siendo él aún niño, vieron una visión en sueños en que salía de la boca de Efrén una vid muy fecunda que crecía y llenaba toda la región bajo el cielo, y venían todos los pájaros del cielo y comían de sus frutos y, a pesar de todo lo que comían, todavía sobraban frutos. Vivió en el desierto desde su juventud introduciéndose en un abismo de compunción, por la cual llegó asimismo a recibir la gracia del Espíritu Santo.

CAPÍTULO II

En cierta ocasión, inspirado por un espíritu que venía de Aquel, recibió en sueños la visión de un hombre terrible que tenía entre manos un libro, y le preguntó:

一¿Quién piensas que podrá recibirlo y guardarlo?

Y una voz le dijo:

一Tan solo mi siervo Efrén.

Efrén, hallándose presente dentro del sueño, abrió la boca y se lo comió, y empezó a brotar de él una fuente que manaba palabras de Dios, llena de compunción y penitencia, y que recordaba el temor del juicio y segundo advenimiento en majestad de Jesucristo, Rey y Señor de todo, verdadero Dios nuestro, que vendrá para dar a cada uno según sus obras. Fue una fuente que no solo habló, sino que confirmó también por escrito la rectitud y verdad de los divinos dogmas.

CAPÍTULO III

En otra ocasión, uno de los santos ancianos vio también en visión escuadrones de ángeles que bajaban del cielo por mandato divino, y en las manos un rollo, es decir, un volumen escrito por dentro y por fuera. Y se decían entre sí:

一¿A quién debe encomendarse este libro?

Y unos mencionaban a este y otros a aquel. Otros, en cambio, respondieron:

一Estos son en verdad santos y justos, pero a ninguno se puede confiar este volumen sino a Efrén, manso y humilde de corazón.

Y vio el anciano que daban el libro a san Efrén. Cuando se levantó por la mañana, oyó de su boca palabras aptísimas para la instrucción de otros, que destilaban completa compunción y temor divino, como si fluyesen de una fuente. Y se dio cuenta el anciano que era el Espíritu Santo el que sugería lo que manaba de su boca.

CAPÍTULO IV

A cierto punto, apremió a nuestro padre san Efrén el deseo de visitar la ciudad de Edesa, y oró a Dios de esta manera:

一Señor Jesucristo, concédeme ver esta ciudad, y cuando entre en ella, merezca que me salga al encuentro un hombre que empiece conmigo a conversar de la Escritura.

Y entrando ya en la ciudad, mientras cruzaba la puerta, le salió al encuentro una mujer que era meretriz en la ciudad y, al verla el siervo de Dios Efrén se entristeció, diciendo dentro de sí:

一Señor Jesucristo, has despreciado las plegarias de tu siervo Efrén: ¿cómo va a hablar esta conmigo de la Escritura?

La meretriz se paró y se puso a mirarlo, por lo que el santo le preguntó:

一Dime, joven, ¿por qué te has detenido y me miras con ojos fijos?

La meretriz le respondió:

一Te miro porque yo, como mujer, fui sacada de ti, como varón. Tú, en cambio, no me mires a mí, sino a la tierra de que, como varón, fuiste sacado.

Y al oír esto el siervo de Dios Efrén, se maravilló y glorificó a Dios, que le había dado a esta tal sabiduría que pudo recibir de ella tal respuesta. De esta manera, llegó a saber que su oración nunca había sido despreciada por Dios. Una vez hubo entrado en la ciudadanía, se alojó en ella.