¿Pathos en Dios? Una aproximación histórica: Conclusión

D. Gabriel Orejas Iriarte, Universidad Francisco de Vitoria

La Santísima Trinidad. Jan Cornelisz Vermeyen. Óleo sobre tabla, 1530 - 1540. Extraído de la colección digital del Museo del Prado.

En los primeros siglos del cristianismo la impasibilidad divina era asumida de manera general por los Padres. A Dios se le pueden atribuir emociones o pasiones dignas de Él, pero de manera analógica. El atributo de la impasibilidad estaría en unidad con el resto de los atributos divinos, los cuales nos hacen ver más bien lo que Dios no es que lo que es. En cuento al problema de cómo conciliar la impasibilidad con la Encarnación, la Iglesia tuvo que hacer frente a numerosas herejías, que permitieron la depuración y reflexión teológica sobre este misterio, llegando a su culminación en la declaración dogmática de Calcedonia. La época medieval siguió las ideas de los Padres, añadiéndoles más hondura y precisión. Destacan autores como San Anselmo y Santo Tomás de Aquino, para quienes, en consonancia con la reflexión patrística, Dios era impasible. La Modernidad y algunos autores contemporáneos, anticipados por las ideas nominalistas, trajeron nuevos cambios en el modo de pensar teológico, destacando las ideas de la Reforma protestante y el auge de las filosofías racionalistas, en especial la de Hegel. Como resultado, debido a las circunstancias históricas y al rechazo del racionalismo, surgieron diversas teologías que buscaron defender el pathos en Dios en contra de las teologías clásicas, teniendo gran influencia la tesis de la helenización del cristianismo de Adolf von Harnack.

Como se ve, el desarrollo de la respuesta sobre el pathos en Dios tomó caminos diferentes a partir de la Modernidad. La Patrística y el pensamiento medieval admitieron el atributo de la impasibilidad en el sentido indicado. Pero fue en la Modernidad con sus nuevos presupuestos cuando se puso en cuestión lo dicho por la tradición teológica anterior.
Probablemente con muy buena intención, muchos teólogos buscaron responder al racionalismo intentando que Dios no fuese impasible, además de buscar responder a las inquietudes históricas de su época. Con todo, a nuestro modo de ver, a pesar de que conocieran el pensamiento patrístico y medieval, no supieron entenderlo correctamente, volviendo a problemas que se habían resuelto. En concreto, la doctrina de Santo Tomás de Aquino, avalada por el Magisterio de la Iglesia católica, consigue dar respuesta adecuadamente a todos los diversos problemas que puede plantear la cuestión del pathos divino, asumiendo y llegando más alto que todos sus predecesores. Con todo, de cara al futuro, podrían examinarse de manera más detenida las ideas expuestas de cada autor, además de en la Devotio Moderna y en otros pensadores como Teilhard de Chardin, Balthasar, San Juan de la cruz o el Maestro Eckhard. Terminamos con unas palabras citadas del padre Vadillo Romero, que consideramos que sintetizan muy bien la problemática del pathos divino:

“Este interés de Dios por el bien del hombre, y al mismo tiempo la
permisión del mal ha planteado la cuestión de un supuesto dolor en Dios. Siempre ha reconocido la teología la misericordia y el amor de Dios, pero no se trata de pasiones, que necesariamente están vinculadas a la materia. Sin embargo, tampoco resulta adecuado hablar de un Dios apático e indiferente respecto a la criatura. La impasibilidad divina, que pertenece al depósito de la fe no es apatía, sino la de la plenitud del ser. Hay un sentido claro de dolor de Dios cuando se refiere a Cristo, que ha sufrido por todos en su naturaleza humana, pero ir más allá nos resulta muy complejo y una vez más nos encontramos ante un profundo misterio. En el fondo es semejante al tema de la predilección de Dios por unos y la permisión del pecado, a pesar de la infinita bondad de Dios. Quizá lo más acertado sea decir que el amor infinito de Dios a las criaturas conlleva una misericordia y preocupación por las mismas, que cuando se expresa en la humanidad de Cristo, adopta la forma de un profundo sufrimiento por el pecado del hombre. En este sentido se expresa Juan Pablo II en la Dominum et vivificantem, quien se pregunta si en la humanidad de Cristo se verifica el sufrimiento de Dios. Se cumple una vez más la profunda intuición de santo Tomás respecto al conocimiento que tenemos de Dios: sabemos más lo que no es que lo que es”.

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