I Encuentro de Jóvenes NSC-E

Testimonios

Primer testimonio:

Momentos antes de terminar la convivencia, escuché cómo una chica decía en voz alta: « Ahora no sé qué voy a hacer cuando vuelva a mi vida en la ciudad. Aquí siento que puedo ser transparente, comparto más cosas con vosotros que con mis propios compañeros de profesión”. Creo que ese sentimiento era compartido por muchos de nosotros, y saber por qué estábamos allí es determinante para que en un futuro vuelva a producirse.

Me he dedicado a observar a todos y cada uno de los miembros que han acudido al encuentro, me he preguntado también cuál sería su historia o los motivos que les habían llevado hasta allí. En un principio, la respuesta era bastante clara; habíamos sido convocados por la asociación de Nuestra Señora de la Cristiandad después de haber hecho juntos una peregrinación que a ninguno nos ha dejado indiferentes. Pero a esta respuesta quizás se le pueda atribuir una contestación más extensa si ponemos en el punto de mira otras muchas preguntas como, ¿qué es lo que nos une?, ¿es el simple hecho de ser jóvenes?, ¿es la idea de huir de un mundo que nos arrastra a su merced, casi asfixiándonos por las potentes mareas de la revolución?

Inevitablemente, nadar contra corriente conlleva un esfuerzo, que a veces puede resultar incluso heroico. No podemos olvidar que somos católicos del siglo XXI, nuestra labor no es hacer guerra de guerrillas y tampoco batallas campales. La nuestra, es una lucha cuyo campo de batalla está en los colegios, los hospitales, las profesiones que ejercemos, incluso dentro de muchos de nuestros hogares… Es una guerra silenciosa en la que solo gana aquel que se mantiene firme en sus valores, ideas y virtudes.

Por este motivo estábamos allí reunidos, perdidos por la Sierra de Madrid y encontrados, en primer lugar, en el Santísimo Sacramento del Altar. Pero sabiéndonos pequeños frente al mundo, también hemos podido encontrarnos entre nosotros con cada una de las miradas, risas y conversaciones que hemos tenido. Aquello que nos ha unido era la alegría con la que se recibe a un hermano en Cristo, la esperanza de no sentir que estamos solos y la fuerza de saber que nuestra lucha tiene sentido. Cada detalle, cada palabra bien dicha puede llevar a un gran bien para alguien que la necesita, aunque no seamos conscientes de la importancia de actuar acorde a nuestros valores. Y todo ello ha supuesto para muchos de nosotros un punto de apoyo, de comprensión y de alivio.

El esfuerzo acarrea sufrimientos además de satisfacciones, así que ¿por qué nos estamos esforzando?

« Porque vuestra fe es como el oro: su calidad debe ser probada por medio del fuego. La fe que resiste la prueba vale mucho más que el oro, el cual se puede destruir. De manera que vuestra fe, al ser así probada, merecerá aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo aparezca ». 1 Pedro 1, 7.

Y es precisamente este sufrimiento lo que nos hace semejantes. Y es ese poso en la mirada. Y es ese latido de un solo corazón que a veces sentimos dentro del nuestro. Y es por eso por lo que duele separarnos. Y es esto lo que nos une. Porque Cristo sufrió por nosotros y nosotros queremos sufrir por Cristo. Es, en definitiva, el amor de nuestro Jesús en nuestros corazones.

Anónimo

Segundo testimonio:

El Primer Encuentro de Jóvenes de Nuestra Señora de la Cristiandad de España, realizado en Navacerrada no ha podido ser más especial. Estoy convencido de que los frutos de esta convivencia han sido inmensos, y que más pronto que tarde serán contemplados.

Mi nombre es Jorge María Fernández, soy de Bilbao, y se podría decir que fue mi primera “experiencia tradicional”. Por desgracia en mi ciudad no hay, todavía, ni medios ni permisos para realizar la Santa Misa Tradicional, y por ello decidí viajar junto a mi hermana María a Navacerrada, un pueblo gélido donde los haya, para vivir de primera mano esta experiencia, que se podría decir que fue más bien una bendición.

Al llegar nos encontrarnos con jóvenes de todo España que tenían en común dos aspectos principales: un anhelo rebosante de defender y perseverar en la tradición y un amor infinito a la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra. Se pudo apreciar durante los 3 días de convivencia un ambiente sano, enriquecedor y también, por qué no decirlo, divertido.

Durante todo el fin de semana transcurrían dinámicas para conocernos más a fondo y aprovechar el encuentro, pues casi todos éramos de distintas partes de España. Por un lado, las charletas que teníamos en el comedor, que daban para mucho. También los distintos juegos por equipos que nos hacían unirnos y forjar estrategias para lograr victorias. No puedo pasar por alto las conferencias del Padre Nilton Bustamante, repletas de formación tan necesaria para los tiempos que estamos viviendo, defendiendo la verdad cueste lo que cueste y mostrándonos las armas que Dios mismo nos ha regalado para combatir al enemigo: Comunión diaria, Santísimo Rosario diario y oración diaria. No podemos quejarnos de caer en la tentación si no hacemos uso de estas herramientas que Cristo mismo no da.

El mejor momento del día, sin duda, era la Santa Misa Tradicional. Todos estábamos mentalizados para el milagro que iba a acontecer. Máximo respeto a la Eucaristía, incienso, cantos gregorianos, el órgano… Personalmente puedo afirmar que, aquel domingo acudí a la mejor Misa de mi vida. Opté por sentarme atrás para poder observar cuándo arrodillarse, levantarse o sentarse y, para mi sorpresa, tenía el coro justo detrás de mi nuca. En el momento de la Consagración, de pronto, comenzó a sonar el himno de España tocado con el órgano; ciertamente me emocioné. Justo detrás de mí, el coro, mayoritariamente femenino, llevaba cantando en gregoriano toda la Misa. No me atrevía ni a girarme de lo precioso que sonaba. Estuve toda la Misa vibrando. Fue como teletransportarme al momento exacto del Santo Sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo. Se respiraba un respeto y una grandeza dignas de lo que estaba ocurriendo. Doy gracias a Dios por dejarme experimentar tal sensación.

Sin darnos cuenta habíamos vivido tres días en un ambiente que es difícil tener en el día a día de nuestras vidas, con tanto ruido y distracciones. Es como si estuviéramos, de alguna manera, apartados del mundo. Fue, propiamente, un retiro. Un trocito de Cielo en la Tierra.

La vuelta al “mundo”, en mi caso, no fue sencilla, pues retomas la rutina, el trabajo, compromisos… Pero sí que, tras este fin de semana, me he notado con más fuerzas, más ganas de hacer bien las tareas, ofrecer ciertas cosas… Y, sobre todo, a darme cuenta de que no estoy sólo. Existen, aunque puede que te parezca extraño, jóvenes como tú y como yo, “NORMALES”, con las mismas inquietudes, mismas metas (llegar al Cielo), en los cuales puedes apoyarte, contarles tus problemas, compartir opiniones, bromear… Puedo decir orgullosamente que me llevo muchos amigos, que seguro, que, aunque sean de otras partes de España les voy a poder tener presentes.

En conclusión, el Primer Encuentro de Jóvenes de Nuestra Señora de la Cristiandad de España puede que te lo hayas perdido, pero habrá un segundo encuentro, y te recomiendo que esta vez no falles. Si no has tenido la suerte de conocer este “mundo tradicional”, es una buena oportunidad para derrumbar prejuicios y, sobre todo, para darte de bruces con la única Verdad, Cristo mismo.

Os pido que recéis para que logremos en Bilbao celebrar la Santa Misa Tradicional pronto. Yo también os encomiendo. Dios os bendiga. VCR.

Jorge María Fernández

PUBLICADO EN EL BOLETÍN «LAUDATE» Nº26 – NOVIEMBRE 2023