¿PATHOS EN DIOS? UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA: ÉPOCA MEDIEVAL
D. Gabriel Orejas Iriarte, Universidad Francisco de Vitoria
En el período medieval se dio una profundización y desarrollo de las ideas patrísticas. Como en la época anterior, la cuestión de la pasibilidad/impasibilidad divina no fue un objeto de estudio directo, sino que se deducía de los estudios filosóficos y teológicos acerca de Dios. Balthasar afirma que en esta época se dio una estrechez en la manera de concebir la impasibilidad respecto a los Padres[1]. También otros autores defensores del teopasquismo suelen designar el pensamiento medieval de esta forma, referenciando la postura de santo Tomás de Aquino especialmente[2]. A nuestro parecer, los autores medievales realizaron una labor de purificación en cuanto a la terminología y a la precisión teológica, en especial gracias a la introducción de las obras de Aristóteles en el S. XIII. Por otra parte, como ya se hacía a partir de la tesis de Harnack antes citada, es un reduccionismo bastante burdo el aglutinar a todos los pensadores medievales en el mismo saco, ya que son estos muy diferentes entre sí. Incluso, siguiendo la tesis de Aertsen[3], la propia metafísica del ser de santo Tomás de Aquino sería algo único entre el resto de las doctrinas medievales. Con todo, se puede afirmar que, de modo general y de manera sintética en el pensamiento medieval, estaba admitida y asentada la impasibilidad divina, en continuación con la reflexión de los Padres. A esto se le sumó una mayor perfección en la reflexión gracias a los avances filosóficos. Para estos autores, salvo Duns Escoto y Guillermo de Ockham, la filosofía y la teología tienen una relación armónica, lo cual es muy determinante para las conclusiones que sacan de la cuestión estudiada. Solo algún autor como Escoto Eriúgena, debido a su teoría de la relación entre Dios y el mundo, podría acercarse o dar pie a un posible teopasquismo a la manera estoica[4]. Es decir, dado que Dios se identificaría de alguna manera con el mundo, podría sufrir cambio o alteración. La tónica de la problemática se puede recoger en tres autores representativos. Se analizarán solo los casos de san Anselmo, santo Tomás de Aquino y Guillermo de Ockham[5].
El primero sería san Anselmo de Canterbury. Por su metafísica y su tradición agustiniana, defiende la impasibilidad divina, pues este sería uno de los atributos que se pueden predicar de Dios, derivado especialmente de la inmutabilidad. Se puede conocer a posteriori y a priori que Dios es[6]. Dios es lo único que tiene el ser por sí (ser necesario), lo mayor que nada puede pensarse. Incluso en el propio Proslogion, tratando sobre cómo Dios puede ser misericordioso siendo impasible, san Anselmo responde de una manera similar a la que hará santo Tomás: Dios es misericordioso en cuanto al efecto, pero no en el afecto, pues no sufre la tristeza que a nosotros nos acompaña cuando nos compadecemos[7].
Santo Tomás de Aquino defiende la impasibilidad divina, como se puede ver tanto en sus escritos como en las ideas acerca de él en autores contemporáneos (Galot, Moltman…). Se deriva de su doctrina acerca de Dios como Ipsum Esse Subsistens: al ser Dios acto puro, y por ello simplísimo y perfectísimo, no puede tener ninguna potencialidad pasiva ni accidente alguno, lo que excluye toda pasión, siendo así inmutable[8]. Otras partes donde se puede ver su postura es en la Suma contra los gentiles[9], donde demuestra que Dios no puede tener pasiones debido a que estas son transformaciones corporales y es algo propio de entes potenciales. Así, se excluyen de Dios de manera general las pasiones, y llegan algunas a serlo en grado específico, como la tristeza o el dolor[10]. Esta afirmación no se opone a que Dios ame, pues esta pasión, junto con el gozo, se le puede atribuir a Dios, pues no repugnan la perfección divina. Ahora, estas se dan sin los caracteres de pasión, es decir, no al modo como las experimentamos nosotros. El amor de Dios es un acto puramente de la voluntad y es el que produce la bondad que cada ente tiene en mayor o menor medida[11]. Respecto a la cuestión de la misericordia divina, santo Tomás sigue la idea antes mencionada de san Anselmo: en Dios se da el efecto de la misericordia, pero no su afección[12]. Conviene mencionar que estas afirmaciones son tratadas dentro de la teología natural (=conocimiento de Dios por la razón natural), que está en armonía con la teología trinitaria (=conocimiento de Dios a través de los datos que nos da la Revelación)[13]. Por último, respecto a las cuestiones cristológicas que pueden dar pie a planteamientos teopasquistas, santo Tomás sigue las declaraciones de los concilios de Éfeso y Calcedonia respecto a la Encarnación, así como las doctrinas de san Atanasio y san Cirilo[14]. Concluye que Jesucristo padeció y sufrió en la naturaleza humana y permaneció impasible en la divina[15].
El último autor mediante el que trataremos la cuestión es Guillermo de Ockham[16]. Aunque Ockham no llegó a afirmar que Dios es pasible, sí es muy cierto que dos ideas suyas fueron las que permitieron posteriormente defender o plantear de una nueva manera este problema. La primera idea de Ockham sería la separación radical entre la razón y la fe, la filosofía y la teología. Esto tuvo como consecuencia el fideísmo y el racionalismo. De esta manera, quedaría suprimida la analogia entis, y con ello todo tipo de teología natural. Y la segunda, aún más importante, sería la nueva concepción que propuso de libertad derivada de su nominalismo[17]. Esta consistiría en la capacidad de elegir, dándose las condiciones necesarias, entre cosas contrarias, estando así totalmente indeterminada, llevando a que cada libertad en concreto se determine a sí misma. Ya en Dios mismo la libertad y el poder tendrían más peso o importancia que el Ser y la Verdad. De esta forma, si quisiera, Dios podría ir en contra de su propia verdad o esencia (=Ser), sin estar sometido así al principio de no contradicción[18]. En consecuencia, Dios sería capaz de sufrir por una elección suya a pesar de ser algo contrario a su esencia[19]. Estas ideas influirán de manera nuclear en la reflexión posterior sobre la pasibilidad de Dios, en especial en aquellos autores que defienden el dolor en Dios en relación con la creación. Además, la libertad humana, como más tarde sentenciará Suárez con la negación de la potencia[20], ya no sería dependiente de Dios, sino que equivaldría a un absoluto en el cual Dios no puede intervenir.
[1] Hans Urs von Balthasar, Teodramática. Vol. 5, El último acto, 220.
[2] Luis María Mendizábal, La teología actual del cuasi-sufrimiento de Dios, en Pablo Cervera Barranco, Enciclopedia temática del corazón de Cristo, 778; Heyner Hernández-Díaz, La teodicea, el pathos de Dios y el Crucificado en la teología de la cruz de Jürgen Moltmann: una lectura contemporánea, 121-144; Sebastián Ramos Mejía, La cuestión del sufrimiento de Dios Una aproximación al pensamiento teológico contemporáneo, 271.
[3] Jan A. Aertsen, La filosofía medieval y los trascendentales Un estudio sobre Tomás de Aquino, 13-28.
[4] Giovanni Reale y Dario Antiseri, Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo primero, Antigüedad y Edad Media, 423-429.
[5] Se han escogido a san Anselmo y a santo Tomás debido a su explicación precisa y clara de la cuestión y a Guillermo de Ockham a causa de dos de sus ideas que determinaron el desarrollo posterior sobre el pathos en Dios.
[6] Giovanni Reale y Dario Antiseri, Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo primero, Antigüedad y Edad Media, 432-432. San Anselmo, Proslogion, 35-41.
[7] Proslogion XVIII.
[8] Santo Tomás de Aquino, Suma de teología I: Tratado sobre Dios uno, 228-234. (Suma de teología I, q. 9).
[9] Santo Tomás de Aquino, Suma contra los gentiles, 135-140. (Suma contra los gentiles, libro I, capítulos LXXXIX, XC y XCI).
[10] Esto es así porque el sufrimiento, al ser un mal, es una imperfección, es un no-ser. Por ello, no se le puede predicar a Dios, pues este es el mismo Ser, la pura perfección.
[11] Suma de teología I, q. 20 a.1.
[12] Suma de teología I, q. 21 a. 3.
[13] En la teología contemporánea se renunciaría a esta armonía, rechazando la teología natural en favor de la teología trinitaria. Algunos ejemplos aparecerán más adelante, como Moltmann y Barth.
[14] Se puede ver en las referencias que hace santo Tomás a estos Padres y a las sentencias conciliares en el tratado de la Suma de teología acerca de la Encarnación: Suma de teología III, q.1-26.
[15] Santo Tomás de Aquino, Suma de teología XI. (Suma de teología, III, q. 46, a. 12).
[16] Giovanni Reale y Dario Antiseri, Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo primero, Antigüedad y Edad Media, 533-548.
[17] Servais (TH.) Pinckaers, Las fuentes de la moral cristiana, su método, su contenido, su historia, 294- 307.
[18] En el fondo hay una mala concepción de la omnipotencia divina y de la misma libertad.
[19] Véase la contradicción con lo dicho en la nota 10.
[20] Leopoldo Prieto López, Suárez y el destino de la metafísica De Avicena a Heidegger, 293-301.
PUBLICADO EN EL BOLETÍN «LAUDATE» Nº52 – ENERO 2026